La política económica proteccionista y nacionalista para dificultar el libre comercio responsable del avance económico de Estados Unidos y el mundo desde final de la II Guerra Mundial, no ha arrojado los resultados pretendidos por Trump en su primer año Gobierno. Con el arancel que aplica a casi todos los países desde abril 2025, que promedia 18,5%, el nivel más elevado desde 1932, en teoría pretende dos objetivos. Primero, reducir el déficit comercial de Estados Unidos, las estadísticas reportan que no va en camino de lograrlo. En 2022 el monto fue de US$1.173 billones, se redujo a US$1.062 billones en 2023, subió a US$1.212 billones en 2024 y se estima aumentó el pasado año porque el balance negativo se disparó en los últimos meses. Y segundo, alcanzar resultados parecidos a los de finales del siglo XIX y principios del XX, período en que la economía estadounidense creció con fuerza a pesar de los altos aranceles que existían. Los aranceles de Trump han matado el crecimiento del PIB real mundial, aumentó 2.6% en 2025, se estima 2.7% para 2026, America Latina y el Caribe 2.3% y 2.2%, Estados Unidos 2.1% y 2.4, para 2025 y 2026, respectivamente, donde la inflación interanual cerró en 2.7 % en 2025, por encima de la meta de 2.0 % de la Reserva Federal, mostrando las estadísticas que el consumidor estadounidense es el perdedor, está pagando los aranceles, se trata de un impuesto interno. La última vez que Washington emprendió una oleada proteccionista comparable fue hace casi un siglo, con los aranceles Smoot-Hawley de 1930, y el resultado fue desastroso.
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