El impacto que la inteligencia artificial tiene ya en todas las esferas de nuestra vida nos enfrenta a una curiosa paradoja: nunca había sido tan fácil demostrar lo que una persona es capaz de hacer con la tecnología pero, a la vez, nunca había sido tan difícil saber quién tiene realmente talento. La IA —y en especial la IA generativa— ha multiplicado las posibilidades de crear, programar, analizar o resolver problemas complejos, pero también ha puesto en evidencia una grieta incómoda: que los sistemas educativos y laborales siguen midiendo con reglas pensadas para otro tiempo. Una brecha que, para los expertos, se percibe cada día en aulas y empresas.
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¿Puede la "ausencia de IA" convertirse en un sello de prestigio?
En un contexto de uso generalizado de la inteligencia artificial, empieza a abrirse paso una pregunta quizá inesperada: ¿podría convertirse la ausencia de IA en un valor diferencial? Según la Universitat Oberta de Catalunya, crece el interés por identificar y distinguir los contenidos creados exclusivamente por personas, no como rechazo a la tecnología, sino como una forma de reforzar la transparencia y la confianza. Diversos estudios citados por la UOC apuntan a que, aunque el uso de herramientas de IA es mayoritario, una parte significativa de la ciudadanía quiere saber cuándo un texto, una imagen o una obra cultural ha sido generada por una máquina y cuándo responde a una autoría humana.
Ese debate ha empezado a traducirse en iniciativas concretas, como sellos o etiquetas que certifican que un contenido se ha producido sin recurrir a inteligencia artificial. Desde la UOC se subraya que estos distintivos no buscan frenar la innovación, sino poner en valor lo humano en ámbitos donde el contexto, la intención o los valores importan tanto como el resultado final. Según explica Alexandre López Borrull, profesor e investigador de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la institución catalana, la autoría humana podría convertirse en un criterio de calidad y prestigio añadido precisamente porque la IA ya es capaz de generar contenidos de forma masiva.

