
Todavía es pronto para saber si la decisión del Tribunal Supremo que invalida la mayor parte de los aranceles impuestos por Donald Trump es el principio de su final político o una batalla más en su incansable creación del caos. Sin duda, tiene enorme trascendencia que el alto tribunal, de mayoría conservadora, haya frenado en seco al presidente en nombre de la separación de poderes. Es la misma institución que le ha regalado la doctrina de inmunidad presidencial, según la cual no responde de los desmanes cometidos durante el ejercicio del cargo, y que hace unos años justificó la ausencia de límites en la financiación privada de campañas electorales, con consecuencias muy negativas. El hecho de que John Roberts , presidente del Supremo, haya redactado esta sentencia indica que hay una voluntad en una nueva mayoría de jueces (algunos nombrados por Trump) de establecer límites a la expansión continuada del poder ejecutivo. Asimismo, el alto tribunal recupera la capacidad de ir algo por delante de la sociedad estadounidense, como hizo en sus casos más importantes a lo largo del siglo XX. La primera reacción de Trump («son una desgracia, desleales hacia la Constitución, favorecen a otros países… encontraremos otra manera de ganar dinero«) indica que no habrá cambio de guion e irá al choque con todo aquello que limite sus deseos imperiales -otra cosa son los índices bursátiles, a los que reverencia. Noticia relacionada general No No El Supremo de Estados Unidos anula gran parte de los aranceles de Trump David AlandeteEl magnate neoyorquino ya ha anunciado otras formas de establecer los mismos o mayores aranceles. Pero tendrá que seguir vías más lentas, con más requisitos procedimentales (es muy posible que se los salte y se genere otro caso ante el Supremo). Las empresas importadoras reclamarán el reembolso de los aranceles que han absorbido y la financiación federal necesitará temporalmente fuentes distintas a estas tarifas. El asalto a la reserva federal que planea Trump se convierte en imprescindible. Los legisladores republicanos críticos con el proteccionismo económico empiezan a sacar la cabeza y sentirse reivindicados. Pero el presidente es incansable en su labor de demolición de normas e instituciones y de esta batalla perdida solo sacará más fuerzas.



