Tener un taller en París y más de una decena de artesanos en nómina. Presentar al menos 25 diseños hechos a mano y, por supuesto, ser admitido por la Cámara Sindical Francesa, el organismo gubernamental que decide quién es invitado a participar en el calendario. Esos son, a grandes rasgos, los requisitos para que una firma pueda hacer un desfile de alta costura, una denominación protegida por el estado francés. Pero, a partir de ahí, cada firma da su propio sentido a la expresión. La alta costura puede (o debería ser) cualquier cosa hecha a mano con materiales nobles y pericia artesanal, pese a que muchos hoy consideren que ese título solo lo merecen los diseños experimentales o repletos de adornos, los diseños, como suelen decir, “que deben hacer soñar”.
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