Tengo un buen amigo que lleva gorra castiza cuando hace frío, así que no tengo nada contra las gorras (al final de la novela sale también una boina), y hasta me cae bien el perfil público de David Uclés (Úbeda, 1990) y su ingenuidad sin impostura (no sé vérsela), o una forma del desvalimiento que me parece genuino. Quizá de ahí que la turba del facherío haya salido de caza en redes y fuera de redes contra él, antes y después del desgraciado episodio sevillano de Pérez-Reverte.
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