
Ingenuos de nosotros, pensábamos que el sanchismo era sólo sinónimo de degradación institucional. Que no es moco de pavo ética y moralmente hablando. La mangancia generalizada, los pactos con los enemigos de la democracia, incluidos esos etarras que asesinaron a 856 españoles, y la voladura sin remilgos del edificio constitucional que tanto costó levantar merecen ese calificativo. Semántica pura y dura.
El terrorífico episodio protagonizado por el número 1 de la Policía, José Ángel González, alias Jota, certifica nuevamente que con el sanchismo siempre nos quedamos cortos. A cualquier valoración hay que adjudicarle una condición suspensiva porque muy probablemente los acontecimientos la dejarán reducida a la condición de juego de niños en menos de 24 horas. Seguro que ningún español de bien soñó, por muy retorcida que fuera la pesadilla, que llegaría el día en el que tras el rostro del encargado de perseguir a los violadores se escondiera un violento violador. Dicho sea con todas las prevenciones habidas y por haber toda vez que el caso Julio Iglesias, al que El diario de Ignacio Escolar calumnió como si no hubiera un mañana, demuestra que con estas cosas se antoja aconsejable ir con pies de plomo.
Dicho todo lo cual me da que el siniestro Jota lo tiene entre mal y peor. Para empezar, porque el instructor, David Maman Benchimol, es un magistrado con fama de serio, de no casarse con nadie, de ser extremadamente puntilloso procesalmente hablando y en absoluto feminazi. Y si lo ha procesado es porque observa serios indicios de delito sexual. Y, para terminar, porque al parecer existe una grabación de la agresión, lo cual multiplica exponencialmente los problemas para defender la inocencia del hasta el martes por la noche baranda de los 74.500 policías que hay en España.
Hemos pasado de la degeneración a la depravación institucional, un salto cualitativo que no se puede ni se debe tomar a beneficio de inventario
Más allá de la presunta violación en sí, adelantada en rigurosa primicia por nuestra reportera Irene Tabera, es menester efectuar la pertinente lectura. Y muy clarita: hemos pasado de la degeneración a la depravación institucional. Un salto cualitativo que no se puede ni se debe tomar a beneficio de inventario. Tan cierto es que en cualquier colectivo puede haber una oveja negra como que en el PSOE y aledaños superan sin disimulo la media de delitos sexuales en España. Y si hablamos de actos machistas más leves, como el compulsivo consumo de prostitución, hay que colegir que pulverizan todos los récords.
Que en los bajos fondos haya violadores forma, desgraciadamente, parte del paisaje, esencialmente porque la laxitud punitiva invita a la reincidencia. Claro que si castrasen químicamente a sus autores, las estadísticas de este tipo de repugnantes actuaciones pasarían a mejor vida ipso facto o caerían a plomo. Se lo pensarían dos veces antes de atacar a una mujer porque si incurrieran en la vileza de ultrajarla no podrían repetir. Muy obvio, sí, pero muy efectivo también. Lo que resulta infinitamente inquietante es que se produzcan sucesos de este tipo como churros en un partido político de gobierno, que se supone debe estar guiado por la ejemplaridad.
Lo del DAO constituye un escándalo de proporciones siderales por perogrullescas razones y porque continuó en el machito ocho meses después de que la víctima pusiera los hechos en conocimiento de su entorno y del equipo de apoyo psicosocial de la Policía y mes y medio después de que se presentase la querella en los juzgados. Nos toman por gilipollas cuando nos sueltan el cuento chino ese de que ni Marlaska ni nadie del Ministerio sabía nada. Si lo sabían, se tienen que ir porque lo sabían y nos lo ocultaron como los extraordinarios facinerosos que son, y si no lo sabían, porque no lo sabían. De primero de democracia. Y hasta un niño de teta colegiría que conocían todo y lo taparon.
Nos toman por gilipollas cuando nos sueltan el cuento chino ese de que ni Marlaska ni nadie del Ministerio del Interior sabía nada de lo del DAO
El problema para Sánchez en general y para el desprestigiado PSOE en particular es que en el partido hay muchos jotas. Cuando diriges a cientos o miles de personas no estás exento de que surja un ladrón, un violador o un pederasta incluso. Lo que no es ni medio normal es que haya tantos. Tantísimos para ser exactos. No es sólo José Ángel González; es también Paco Salazar, que siguió en la cúpula después de que en junio se conocieran sus asquerosas andanzas; es José Tomé, que presidía la Diputación de Lugo pese a que el obsesivo acoso a sus colaboradoras representaba un secreto a voces; es Antonio Navarro, al que nadie removió cuando ya recaían sobre él varias denuncias internas; es Francisco Luis Fernández, alcalde de la bellísima Belalcázar (Córdoba), que se dedicaba a enviar mensajes sexuales y fotos semidesnudo a una trabajadora municipal; es al parecer Javier Izquierdo, senador y secretario de Estudios y Programas del PSOE; es Diego Manuel Agüera, alcalde de La Algaba, que presuntamente se dedicaba a algo tanto más infame, la pederastia, acosando sexualmente a un alumno de la Escuela de Tauromaquia local —le preguntaba si es «activo» o «pasivo»—; y es también Miguel Verdeguer, teniente de alcalde de Catarroja, otro supuesto pedófilo de mierda que agredió a un chico menor de edad.
Como vemos, no sólo está constatada la existencia de violadores y acosadores. También cuentan con pederastas en sus filas, actividad que se sitúa en el nivel dios de maldad. Un depredador de menores es para un servidor mucho peor moralmente aún que el violador de una adulta, que un asesino en serie o que un terrorista. Básicamente porque destroza la vida de ese niño para siempre. Un menor jamás se recupera del drama que supone ser forzado cuando apenas tiene uso de razón.
Por no hablar del elenco de delincuentes sexuales en las formaciones políticas socias de Pedro Sánchez. Íñigo Errejón fue procesado por agresión sexual cuando era el número 2 de Sumar en el Congreso, a Juan Carlos Monedero una alumna y una militante de Podemos le acusaron del mismo delito y Yolanda Díaz tuvo a su lado a tres pederastas condenados. El de Martiño Ramos, que abusó de una alumna suya de 13 años, es el suceso más conocido pero no el único. Otro menorero convicto es su colaborador Xosé Xabier Ron, mientras que Ramiro Santalices, asesor de la vicepresidenta cuando ella era diputada en el Parlamento gallego, ostenta la vomitiva condición de consumidor de pornografía infantil. El propio Pablo Iglesias también saltó a la palestra hace no tanto por la confesión de varias alumnas de la Complutense que recuerdan cómo les espetaba: «Voy al baño a refrescarme, te espero ahí» Eso sí, y al César lo que es del César, el delincuente que vicepresidió el Gobierno de España jamás fue denunciado.
El PSOE y sus socios de Gobierno, que presumen de ser lo más feministas del mundo mundial, están plagados de violadores, puteros y acosadores
El retrato queda definitivamente completo si recordamos que en los ERE, cuantitativamente el mayor caso de corrupción de la historia de España, 790 millones de euros tanteados, los socialistas empleaban dinero público para irse de putas y ponerse tibios de cocaína. O esa banda de degenerados liderada por Tito Berni y cía, que en plena pandemia se saltaban el toque de queda para visitar todo tipo de lupanares mientras se empolvaban las napias con material blanco procedente de Colombia. La afición de José Luis Ábalos por señoritas de pago no se limitó a Jésica: también figuran en el elenco otras meretrices como Adriana, Alina, Ely, Tatyy, Iris, «la Ariadna» o «la Carlota, que se enrolla que te cagas».
En fin, que el partido más feminista del mundo mundial, y no digamos las formaciones que completan el Gobierno socialcomunista, están plagados de violadores, puteros y acosadores. Ahora me explico por qué les gusta tanto el burka. Soy consciente de que en este asunto, como en cualquier otro, la generalización siempre acarrea toda suerte de injusticias. Y que no deben pagar justos como Bolaños, Margarita Robles, José Manuel Albares o Luis Planas, entre otros, por pecadores como Jota, Salazar, Agüera, Verdeguer, Tomé, Errejón, Martiño Ramos o Ron. Pero lo cierto y verdad es que jamás observé tanto depravado ni tanto degenerado por metro cuadrado. Nadie me negará que el nivel de delincuencia sexual en Ferraz se aproxima peligrosamente al de Soto del Real. Esto también es el sanchismo. La pregunta que se hacen unánimemente todos los españoles es evidente:
—¿Cuál será la próxima salvajada?—.


