
Durante décadas, el éxito en el sector del turismo se midió mediante métricas de ocupación y volumen de reservas. La tecnología se centró casi exclusivamente en el front office: mejores webs, motores más rápidos y personalización. El escenario de 2026, sin embargo, ha revelado un cambio drástico en las prioridades. Consultoras como McKinsey y Bain coinciden en que el verdadero cuello de botella ya no es atraer al viajero, sino procesar con éxito el volumen transaccional inmenso y complejo que genera su actividad.
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