Al Alvia que hace el trayecto entre Madrid y Huelva los onubenses lo llaman el tren de la bruja o la cafetera “porque los vagones no ofrecen garantías y no paran vibrar, por el estado de las vías, los retrasos, las incidencias….”, explica Salvador Romero, presidente de la plataforma para la llegada de la alta velocidad a Huelva. “Lo único seguro que saben los onubenses cuando se montan en un tren es que no saben a qué hora van a llegar a su destino. Estamos hartos de ser siempre los olvidados”, abunda. El malestar por el abandono y la falta de inversiones ferroviarias —pero también del resto de infraestructuras— en la provincia onubense viene de décadas, pero en los últimos años las reivindicaciones por parte de la clase política y empresarial se han intensificado, al igual que la irritación de los usuarios, que demuestran en redes sociales que no se resignan a acostumbrarse a no llegar casi nunca a tiempo cuando viajan de o hacia la capital de España o se desplazan en el tren de media distancia que los une con Sevilla. Esas son las dos únicas conexiones en tren para salir de la provincia. Ese aislamiento se ha convertido en una realidad lacerante con el descarrilamiento de Adamuz. Con la suspensión de la alta velocidad con Andalucía occidental, Huelva ha quedado prácticamente incomunicada y paralizada. Los onubenses exigen la normalización de las comunicaciones en tren, pero, sobre todo, demandan un compromiso firme por parte de las administraciones para dejar de ser el “Finisterre ferroviario”.
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