
Humanos y chimpancés comparten alrededor del 98% de su secuencia de ADN, pero nadie diría que son animales casi idénticos. Esto se explica porque pequeñas diferencias en regiones reguladoras ―a veces de una sola letra de los 3.000 millones que componen el genoma humano― pueden tener efectos desproporcionados sobre cuándo, dónde y cuánto se expresan los genes y producir los rasgos propios de una especie o conducir a la aparición de cáncer o problemas neurológicos.
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