
La inteligencia artificial dejó de ser una promesa para convertirse en una infraestructura invisible que atraviesa casi todo lo que hacemos. Desde cómo compramos hasta cómo trabajamos, desde la medicina hasta la educación, su impacto ya no es futuro: es presente. En ese contexto, el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) acaba de dar un paso que marca un antes y un después en el ecosistema científico local: el lanzamiento del primer doctorado en Inteligencia Artificial de la Argentina, con una duración de cinco años.
No se trata simplemente de una nueva carrera. Es una señal. Un intento de pasar de usuarios de tecnología a creadores. De consumidores a protagonistas. A partir de 2026, el ITBA buscará formar investigadores capaces de desarrollar nuevas metodologías, algoritmos y aplicaciones en una disciplina que hoy define la competitividad de los países.
El Dr. Pablo Fierens, director de esta nueva oferta educativa, indica que “la relevancia y centralidad de la Inteligencia Artificial no puede negarse” . Y agrega una idea clave para entender por qué este doctorado aparece ahora: “difícilmente exista un ámbito del saber o del quehacer de la humanidad que no involucre de una u otra manera la inteligencia artificial”.
La frase no es exagerada. Es, en todo caso, una síntesis de época.
No es aprender IA: es crearla
En un mercado saturado de cursos, diplomaturas y maestrías, el concepto de doctorado puede generar confusión. ¿Qué lo hace diferente?
Ante la pregunta de este medio, Fierens fue categórico: “El doctorando no estudia lo que existe hoy, crea lo que va a existir mañana”. Esa diferencia, que parece sutil, es en realidad estructural. Mientras que los programas más cortos apuntan a la adopción de herramientas, y las maestrías a comprender el estado del arte, el doctorado se posiciona en otro plano: el de la generación de conocimiento. “No busca profundizar en la tecnología de punta, sino en crear la futura tecnología de IA”, sostiene el académico.
En otras palabras, no es un programa para aprender a usar inteligencia artificial: es para diseñar la próxima.
El valor del foco en un país que llega tarde
Hasta ahora, quienes querían investigar en inteligencia artificial en Argentina debían hacerlo dentro de programas más amplios, como doctorados en informática o ingeniería. Eso generaba una paradoja: se trabajaba en la frontera del conocimiento, pero sin un foco específico en IA.
“Existe una cuestión de foco y de objetivos”, dice Fierens. “La adaptación de un programa a un foco adecuado es fundamental” asegura.
El nuevo doctorado viene a resolver justamente eso: concentrar esfuerzos en problemáticas complejas que requieren soluciones integrales basadas en inteligencia artificial.
Y lo hace sobre una base que ya existe. El ITBA no parte de cero. Su historia en investigación aplicada en áreas como energía, economía, ciencias de la vida y materiales funciona como plataforma para este salto.
De la medicina al petróleo: qué se puede investigar
Cuando se habla de doctorado, muchas veces la idea queda atrapada en lo abstracto. Pero en este caso, las aplicaciones son concretas y, sobre todo, cercanas.
Fierens menciona algunos ejemplos que ayudan a bajar la teoría a tierra: “diagnóstico médico asistido por inteligencia artificial”, “rehabilitación terapéutica”, “trading automatizado”, “algoritmos para desarrollo de fármacos” o incluso “optimización de la producción de pozos petroleros”.
La lista no es exhaustiva, pero deja algo claro: la IA ya no es un campo aislado. Es una capa transversal que redefine industrias enteras.
No solo ingenieros: el fin de la mirada sesgada
Uno de los puntos más interesantes del programa es su enfoque interdisciplinario. Lejos de limitarse a perfiles técnicos tradicionales, el doctorado busca abrir el juego.
“Si solo recibiéramos ingenieros, estaríamos promoviendo una base de investigación sesgada”, advierte el director de la carrera.
La lógica es simple: si la inteligencia artificial impacta en todos los ámbitos, también necesita ser pensada desde múltiples perspectivas. Por eso, el programa está abierto a graduados de áreas como ciencias de la vida, economía, medio ambiente o incluso disciplinas más híbridas.
El requisito no es tanto el título de origen como la capacidad analítica y el dominio de herramientas matemáticas y computacionales.
Cómo enseñar algo que cambia todo el tiempo
Uno de los grandes desafíos de cualquier formación en tecnología es la obsolescencia. Lo que hoy es tendencia, mañana puede quedar viejo.
¿Tiene sentido entonces un doctorado en un campo que evoluciona tan rápido? El Dr. Fierens propone una respuesta que combina pragmatismo y profundidad: “El doctorando no vive en el presente, sino que tiene un pie en el futuro”.
El programa, además, está diseñado con una estructura flexible: un núcleo de materias obligatorias que se actualizan y un conjunto de optativas que permiten adaptarse a nuevas tendencias.
“Muchos de los conceptos usados hoy tienen su origen en los años 90, y por detrás hay matemáticas de más de 100 años”, explica. Es decir, en medio del vértigo tecnológico, hay bases que permanecen.
¿Estamos sobreestimando la IA?
La pregunta aparece en casi todas las conversaciones actuales. ¿La IA es hype o revolución?
Pablo Fierens redobla la apuesta con su respuesta: “La pregunta pendula entre dos extremos posibles: sobrevaluación y subvaluación. ¿No será posible que sea adecuadamente evaluada?”
La respuesta, como casi todo en tecnología, es más compleja. Existen ciclos de entusiasmo, pero también una tendencia clara: la inteligencia artificial llegó para quedarse. “No hay vuelta atrás a su penetración en todos los ambientes”, afirma.
Tal vez no siempre haga ruido. Tal vez deje de ser noticia. Pero seguirá estando.
Miedos reales, respuestas incómodas
La IA no solo genera entusiasmo. También miedo. Pérdida de empleo, manipulación de información, decisiones automatizadas. Ante el planteo el director del doctorado del ITBA propone cambiar el enfoque: “Tal vez sería mejor hablar de transformación y no de pérdida”.
La historia le da la razón. Cada revolución tecnológica eliminó trabajos, pero también creó otros. El problema, como siempre, es el proceso de transición.
En cuanto a la manipulación, su mirada es menos optimista: “El problema es más complicado. Ni los gobiernos ni las empresas tienen el monopolio de la solución. La respuesta, otra vez, parece estar en la educación”.
Entre tantos debates sobre IA, hay uno que no ocupa titulares pero que puede ser decisivo: la brecha. “Así como existe una brecha digital, también podríamos hablar de una ‘brecha IA’”, advierte. El problema no es solo el acceso a la tecnología, sino la capacidad de desarrollarla. Hoy, las grandes empresas que lideran este campo no están en América Latina.
Si eso no cambia, el destino es claro: seguir adaptando soluciones creadas en otros países. El doctorado, en ese sentido, es una apuesta estratégica. Una forma de empezar a cerrar esa brecha.
El trabajo del futuro (que ya empezó)
Cuando se le pregunta por las profesiones que más van a cambiar, Fierens evita hacer futurología, pero deja algunas pistas: atención al cliente, tareas administrativas, programación, educación, medicina.
La constante es clara: la inteligencia artificial no reemplaza completamente, pero redefine. Y en ese nuevo escenario, la clave no será competir contra la tecnología, sino aprender a trabajar con ella.
Hoy, la demanda más visible en Argentina está en la aplicación de IA en empresas. Pero Fierens invita a mirar más allá del corto plazo. “Si no desarrollamos investigación, estaremos siempre destinados a adaptar tecnología de otros”, advierte.
La frase resume uno de los dilemas centrales del país: formar talento para el mercado o para la ciencia. Esta carrera de posgrado intenta, en algún punto, hacer ambas cosas.
Pero, ¿dónde termina trabajando un doctor en inteligencia artificial? La respuesta es simple: en todos lados. “En universidades, empresas y sector público”, dice Fierens. La IA necesita expertos en cada uno de esos ámbitos. Desde regular su uso hasta desarrollar nuevas soluciones, pasando por formar a las próximas generaciones.



