
Ante el temor a hechos de inseguridad y problemas logísticos para el partido ante Boca por la Copa Libertadores, Universidad Católica tomó una contundente decisión.
El conjunto chileno emitió un comunicado con el que informó que, ante la presencia de público visitante, no venderá entradas y sólamente podrán asistir personas abonadas o con tickets transferidos.
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La determinación surge de la obligación de Conmebol de cederle un lugar a los hinchas Xeneizes, lo que alteró la logística del elenco local y habitual del estadio. Frente a este escenario, la dirigencia chilena entendió que era necesario limitar de los suyos para evitar complicaciones operativas.
El presidente Juan Tagle ya había anticipado posibles cambios y hasta se animó a cuestiona la medida del ente sudamericano, que obliga a reubicar a parte de los socios. "Esto nos obliga a que algunos abonados, especialmente del sector Prieto Alto, tengan que ser reubicados, algunos en Fouillioux, otros en Livingstone y algunos en Prieto Bajo, considerando que la ubicación de Prieto Bajo es una que tiene un costo menor que la de Prieto Alto, de alguna manera también ofreceremos compensación económica".
En términos de capacidad, el escenario quedará cerca del límite permitido. El estadio cuenta con 20 mil lugares, de los cuales 14 mil pertenecen a abonados, mientras que se suman las 2 mil entradas protocolares y las destinadas al público visitante.
Además, se implementarán los llamados "colchones vacíos" para separar parcialidades, una práctica habitual en Chile y también en el fútbol argentino, que implica dejar sectores sin ocupar. Esta disposición complica más la venta tradicional.
La organización del evento también contempla un refuerzo en los controles de seguridad, con mayor presencia de vallados y agentes equipados con cámaras corporales que transmitirán en tiempo real lo que suceda en el lugar.



