
Han pasado 90 días desde que el panorama político de Venezuela dio un giro incierto el 3 enero. Para este especial de Efecto Cocuyo, #90DíasSinMaduro», contamos la historia de Luz Arias, la madre de dos presos políticos cuyas vidas cambiaron cuando fueron apresados por una supuesta conspiración.
Luz Arias no apaga el teléfono móvil. Es su única conexión con sus hijos, Juan Nahir Zambrano, de 25 años, y Daniel Zambrano, de 30 años de edad. Durante 4 años, por allí recibió llamadas, noticias de los tribunales, de la cárceles donde estaban detenidos. No fue hasta el 9 de marzo de 2026, que se produjo la excarcelación de Juan Nahir, quien, pese a vivir dentro del espectro autista, fue un preso político del gobierno de Nicolás Maduro.
Luz celebra la excarcelación de Juan Nahir a través de una pantalla. Pero su mente está con su otro hijo, Daniel, quien permanece en una celda de la cárcel de Yare II, en el estado Miranda.
Luz reconoce que se siente más aliviada al saber que uno de sus hijos no duerme tras los barrotes.
Juan Nahir fue excarcelado el 9 de marzo y aún no ha podido ir a su casa ubicada en Palmira, capital del municipio Guásimos, estado Táchira. El reencuentro que tanto anhelan todavía no ha ocurrido.
Juan está atrapado en Caracas por una medida cautelar. Su boleta de excarcelación, firmada por la juez Alejandra Romero, ordena que debe presentarse cada 30 días ante los tribunales, situación que le imposibilita viajar, debido a que su familia no puede costearse esos traslados cada mes.
“No puedo pagar el pasaje hasta Caracas cada mes, ni siquiera he podido reunir dinero para ir a verlo tras su salida de la cárcel”, relata la madre del joven en una entrevista telefónica con Efecto Cocuyo.
Han transcurrido tres meses desde que se inició un proceso de excarcelaciones a cuentagotas promovido por el interinato de Delcy Rodríguez, pero la puerta de la celda sigue cerrada para la mayoría. El balance más reciente de la ONG ForoPenal, hasta el pasado 23 de marzo, sostiene que 503 presos políticos continúan en prisión en el país. Entre ellos Daniel Zambrano, quien aguarda por una justicia que todavía no llega.
Desde el 26 de mayo de 2022, Luz comenzó una lucha por la libertad de sus hijos. El primero en ser apresado fue Juan Nahir, quien fue capturado por funcionarios de la Dirección de Contrainteligencia Militar (Dgcim). Se lo llevaron de su vivienda en Palmira. Lo engañaron al hacerlo creer que sería reinsertado en la GNB. A Daniel lo detuvieron un mes después, luego de que su hermano estuviera 30 días desaparecido en Caracas, bajo el engaño de los funcionarios del Estado. Se lo llevaron encapuchado de su casa.
La paranoia persigue a Juan Nahir
Juan Nahir vive con el temor de volver a la celda de Yare II, donde según el testimonio de su madre fue sometido a tratos crueles, inhumanos y degradantes, desde que ingresó a ese centro penitenciario. El Estado ignoró su condición dentro del espectro autista, respaldada por un informe del Servicio de Medicina y Ciencias Forenses (Senamefc).
El poco dinero que puede reunir Luz es para comprar alimentos y medicinas que necesita Juan Nahir en Caracas y su hermano en Yare II; parte de la familia ayuda a la madre de los Zambrano con insumos.
Luz cuenta que Juan Nahir salió de la cárcel paranoico. Ese temor también le impide regresar a su natal Táchira, puesto que le da miedo perderse alguna de las audiencias de presentación y volver a ser detenido. También teme a que una alcabala policial lo detenga y lo envíe nuevamente a la cárcel.

Le cuesta conciliar el sueño y adaptarse a la vida cotidiana en Caracas, ciudad que poco conoce. Ahora vive con su papá de 70 años de edad y un tío de 80 de edad.
Mediante videollamadas, Luz notó que Juan Nahir está más delgado. Su padre le informó que el joven perdió mucha masa muscular y debe comer en pequeñas cantidades; de lo contrario, vomita.
“Está muy flaco y come de a poco, porque sino empieza a vomitar”, reiteró.
La situación alimentaria y de salubridad en los centros de reclusión del país no es un fenómeno aislado, sino una realidad documentada por organizaciones como Una Ventana a la Libertad y el Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP). Durante más de una década, ambas instituciones han denunciado en sus informes anuales que el Estado ha dejado de cumplir con su obligación de proveer una dieta balanceada y suficiente a la población reclusa.
De acuerdo con el monitoreo de estas ONG, la malnutrición se ha convertido en una de las principales causas de morbilidad y muerte en las cáŕceles.
Los informes detallan que muchos detenidos subsisten con dietas que no alcanzan las calorías mínimas requeridas, compuestas mayoritariamente por agua y carbohidratos simples, una situación que provoca cuadros de desnutrición severa y debilita el sistema inmunológico de los internos, dejándolos vulnerables a enfermedades infectocontagiosas como la tuberculosis, cuya propagación en las cárceles ha sido calificada por los defensores de derechos humanos como una crisis de salud pública desatendida.
El OVP ha advertido repetidamente que los reclusos que recuperan su libertad suelen presentar un deterioro físico alarmante que requiere atención médica especializada inmediata.
Esperan amnistía y evaluación psicológica
El 20 de febrero de 2026, Luz introdujo la petición de solicitud de amnistía para sus dos hijos, pero aún no tiene respuesta de parte del tribunal que lleva el caso de ambos, a pesar que la normativa da plazo de 15 días para notificar.
A Juan Nahir le realizaron una evaluación psicológica tras su excarcelación para determinar si justificaba la eliminación de las medidas cautelares con las que salió. Aún no dan respuesta para el beneficio.
“Él sabe que en cualquier momento con esa medida lo pueden apresar. Al final ellos saben que Juan Nahir tiene una condición de autista y están cometiendo demasiados errores. La justicia venezolana cometió un error muy grande y la peor aberración con Juan Nahir y todavía lo siguen teniendo con medidas cautelares”, expresó Luz.
La madre explicó que Juan Nahir tiene un cuadro de tos desde que no cesa. “No está bien de salud y psicológicamente estás más afectado”, agregó.
Tanto Juan Nahir como Daniel Josué presentaron cuadros de descompensación física, según la documentación hecha por la organización Justicia, Encuentro y Perdón (JEP).
En el caso de Juan Nahir, informes médicos de la Corporación de Salud del estado Táchira emitidos en junio de 2024 indican que, posee una edad mental de 13 años, condición que se ha visto afectada por episodios de desorientación y ansiedad en prisión.
JEP denunció que Daniel Josué padece estrés postraumático y lesiones en la columna y cervical. La organización solicitó en diversas oportunidades al Tribunal Tercero de Juicio con competencia en Terrorismo el traslado médico urgente y la revisión de las medidas privativas de libertad de ambos hermanos, basándose en los artículos 230 y 250 del Código Orgánico Procesal Penal, pero nunca obtuvieron respuesta.
Daniel continúa tras los barrotes
La detención de los hermanos Zambrano comenzó con el deseo de Juan Nahir de reingresar a la GNB. Tras haber sido expulsado de la institución en diciembre de 2021 debido al bullying que sufría por su condición, Juan Nahir fue contactado en enero de 2022 a través de redes sociales por un funcionario que le prometió una reincorporación inmediata y un traslado a su estado natal, Táchira.
A pesar de que su hermano Daniel, un militar retirado con ocho años de servicio, le advirtió que los reglamentos usualmente no permiten el reingreso de personal expulsado, Juan Nahir fue manipulado por agentes de la Dirección General de Contrainteligencia Militar. Estos funcionarios se presentaron en la vivienda familiar en Palmira y aseguraron a su madre que el joven debía viajar a Caracas para formalizar su reingreso.
El 27 de abril de 2022, Juan Nahir partió con los agentes hacia una casa en el municipio El Hatillo, al este de Caracas, donde permaneció incomunicado durante un mes.
Luz Arias relata que Juan Nahir fue sometido a interrogatorios sobre su lealtad política, participación, incluso fue presionado para grabar un video incriminatorio.
Al no tener noticias de su paradero, Daniel decidió intervenir. Contactó a un oficial identificado como capitán Santiago para que le diera información sobre su hermano menor.
La respuesta de las autoridades a este intento de auxilio fue inmediata. Dos días después de esa llamada, el 28 de mayo de 2022, cinco agentes encapuchados, sin notificación judicial y sin presencia de un fiscal, derribaron la puerta de la casa de los Zambrano en Táchira. Bajo amenaza de muerte contra su madre, Daniel fue capturado, encapuchado y trasladado en avioneta a Caracas, donde ambos hermanos terminaron siendo acusados de una supuesta conspiración financiada desde el extranjero.
Daniel no tuvo la suerte de salir en libertad con medidas cautelares como su hermano. “Él sigue allí (Yare II) preso y yo pido que así como le dieron una medida sustitutiva de libertad a Juan Nahir deberían dársela a él porque son la misma causa y las mismas acusaciones, es un expediente falso, que no tiene sustento”, detalló la madre.
La madre de los Zambrano señaló en otras entrevistas con Efecto Cocuyo que Daniel dentro de la cárcel siempre intentaba mantener a Juan ocupado para protegerlo de crisis de ansiedad que le provocan los ruidos o el entorno carcelario. Llegó incluso a manifestarle a su madre que estaba dispuesto a asumir culpas de delitos que no cometió con tal de que liberaran a su hermano menor.
Daniel sufre de dolores lumbares crónicos en la columna y la cervical, lesiones que su familia atribuye a los tratos recibidos durante su detención y que hoy le impiden dormir.
“Ellos merecen seguir viviendo, son jóvenes buenos. No son malandros, son personas buenas, somos personas de un pueblo, de buenos valores y principios familiares y mis hijos no son para estar llevando esta cruz, que no se quien se la impuso por venganza, por maldad por vendérselo al señor que estuvo hasta el 3 de enero en el gobierno de Venezuela”, dijo con voz entrecortada.
Luz aún espera la llamada que le informe que sus dos hijos fueron liberados. Espera que la amnistía le otorgue el beneficio. Mientras, duerme con el teléfono encendido a la espera de una buena noticia.
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