
El llamado al nuevo Congreso es claro: abandonen las defensas corporativas, prioricen la calidad institucional por sobre la conveniencia partidista y comprendan que el verdadero progreso no se construye con discursos estridentes, sino con instituciones sólidas. Porque cuando el Estado se debilita, el crimen no solo avanza, se institucionaliza. Y desmantelar un crimen institucionalizado toma generaciones.



