La mañana del domingo 29 de marzo comenzó con rumores y terminó con incertidumbre. Nueve autobuses salieron desde la cárcel de Yare, en los Valles del Tuy, estado Miranda, hasta el complejo penitenciario El Rodeo, en Guatire.
Aunque no hubo anuncio oficial, una fuente vinculada al sistema penitenciario confirmó a El Pitazo que al menos 150 privados de libertad ingresaron ese día a un nuevo módulo inaugurado en este recinto carcelario. Se trata de El Rodeo 4.
La falta de información sobre este traslado dejó a los familiares de presos comunes y políticos en un estado de ansiedad. Este nerviosismo es habitual cada vez que se producen movimientos de reclusos en Venezuela.
Para quienes tienen parientes detenidos, estos traslados significan horas o días sin saber dónde están sus seres queridos y con la preocupación constante de que sean llevados a módulos más restrictivos o violentos.
La opacidad del procedimiento, repetida en episodios recientes, alimenta el temor de que los traslados estén vinculados a castigos, reordenamientos internos o medidas de aislamiento.
El defensor de Derechos Humanos, Marino Alvarado, se refirió a este traslado en su cuenta en X. A través de un video, reiteró la angustia que viven los familiares de los presos.
El Rodeo 4: un nuevo módulo bajo total hermetismo
La cárcel El Rodeo, ubicada en el municipio Zamora del Miranda, es uno de los complejos penitenciarios más cuestionados del país.
Organizaciones como el Comité para la Libertad de los Presos Políticos, Observatorio Venezolano de Prisiones y Foro Penal han documentado durante años denuncias de torturas, tratos crueles, aislamiento prolongado, hacinamiento y restricciones severas a las visitas.
En Rodeo I, en particular, familiares han reportado golpizas, amenazas y castigos físicos durante requisas, así como celdas sin ventilación y áreas de castigo. Este historial convierte cualquier traslado hacia el penal en un motivo de alarma.
La denuncia más reciente indica que los familiares de los presos políticos son encapuchados cuando van a visitar a sus allegados.
En medio de este contexto, fuentes internas confirmaron a El Pitazo que el Gobierno puso en funcionamiento El Rodeo 4, luego de remodelar áreas que pertenecían a El Rodeo I.
Este nuevo espacio fue habilitado hace una semana con el traslado de 200 reclusos del Rodeo II y la misma cantidad del Rodeo III. También trasladaron a privados de libertad que estaban bajo custodia del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) y a 50 que permanecían en unos calabozos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB).
A este grupo se sumaron los reclusos que llegaron desde la cárcel de Yare el pasado domingo. La fuente aseguró que en el lugar hay un marcado hacinamiento. El espacio fue diseñado para 150 personas, pero actualmente conviven alrededor de 700. Los detenidos duermen amorochados y en sábanas colgadas que improvisan como hamacas, debido al poco espacio.
La fuente comentó además que durante los trabajos de remodelación fueron hallados fusiles ocultos dentro de las paredes. Se presume que aún podrían quedar armas escondidas. Por este hallazgo, varios custodios están detenidos mientras avanzan las investigaciones.
Familias en vilo ante un sistema opaco
Para los familiares, la habilitación de El Rodeo 4 añade otra capa de incertidumbre. Muchos recuerdan episodios recientes en los que reclusos fueron trasladados sin aviso previo a módulos desconocidos, donde permanecieron incomunicados durante días.
La distancia del penal, los costos de transporte y la falta de información oficial agravan la situación de quienes dependen de visitas regulares para verificar la integridad física de sus parientes.
El operativo del domingo encaja en un patrón que se ha vuelto recurrente: traslados ejecutados sin notificación, movimientos sorpresivos de autobuses, silencio de las autoridades y un sistema penitenciario que opera bajo la oscuridad.
La habilitación de El Rodeo 4, en este escenario, profundiza las dudas sobre el destino de los reclusos trasladados y sobre el uso que tendrá este nuevo módulo.
Hasta ahora, el Gobierno no ha ofrecido ninguna explicación sobre el traslado ni sobre la apertura del nuevo módulo.
Mientras tanto, las familias continúan a las afueras del penal, intentando reconstruir listas, haciendo vigilias, buscando nombres y aferrándose a cualquier señal que confirme que sus seres queridos están localizables y en condiciones seguras.
En un sistema marcado por la opacidad, cada silencio oficial se convierte en una nueva fuente de angustia.
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