El pasado 14 de diciembre, domingo, en plena campaña prenavideña, Alfonso (nombre ficticio), un viajante de joyas con negocio propio, conducía por la A-3 desde Valencia a Madrid y decidió hacer una parada de descanso en un área de servicio perteneciente a la provincia de Cuenca. Como otras muchas veces, dejó en el maletero de su coche los muestrarios de joyas que llevaba para sus clientes, repartidos por toda la geografía española. Más de un millón y medio de euros en piezas predestinadas a convertirse en regalos de Papá Noel o de los Reyes Magos. Sin embargo, toda esa gran cantidad de alhajas acabó en el piso de Alcorcón de un delincuente común que, sin saberlo, perpetró el gran robo de su vida.
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