
Se bebe poco vino en la segunda temporada de la serie Las gotas de Dios dirigida por Oded Ruskin y recién estrenada en Apple TV. Se muestran viñedos espectaculares, paisajes tentadores y bodegas legendarias. Aun más, si se coge lápiz y papel se puede hacer la lista de algunos de los vinos únicos en el mundo (entre los que está una manzanilla y un oloroso de Jerez). Se descorchan muchas botellas, sí, pero hay pocas secuencias de cata y análisis de vino, tal y como aparecían en la primera temporada. Se podría decir, que en esta segunda entrega “el vino no se bebe, se siente, como la música” —tal y como se define en un momento determinado—, a lo que podríamos añadir, una vez vistos los ocho nuevos episodios: el vino se vive y se disfruta sabiendo dónde nace, cómo se cría y cómo se descorcha. Esa es la esencia de la serie: la búsqueda del origen, la necesidad de comprender las raíces, el sentido de la familia, del amor.
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