
Henry Carbonell murió acribillado a tiros en la mañana de Navidad de 2023 frente a dos policías y un vigilante de seguridad en un descampado de un polígono industrial de A Coruña en el que no había ni un alma. Él estaba en pleno brote psicótico y blandía una barra de hierro con la que había estado golpeando coches aparcados. Uno de los agentes le disparó 12 tiros y cinco de ellos impactaron en su cuerpo. Henry había llegado a aquel lugar en ese estado un par de días después de pasar por la comisaría y el hospital por otro incidente y con su madre insistiéndoles a la policía y a los sanitarios durante semanas que debían ingresarlo. “Nadie me ayudó. Mi hijo era un enfermo, no un delincuente. El policía le disparó como a un perro”, llora Daysi Casimiro, una vecina de Torrejón de Ardoz de origen cubano que ejerce de médico forense en Madrid desde hace 20 años.
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