
La derrota por penales ante Bosnia todavía duele, pero es momento de mirar hacia adelante y pensar en el 2030 mientras miran desde afuera el Mundial 2026. Por eso, en Italia tienen a cuatro nombres en carpeta para el puesto de entrenador luego de la salida de Gennaro Gattuso y, uno de ellos, aparece como una opción tentadora pero casi imposible.
El nombre que emerge con más fuerza es el de Roberto Mancini, quien ya dirigió a la selección y la llevó a ganar la Eurocopa 2020. Su salida en 2023 no fue prolija y hasta hubo amenazas de juicio, pero la reciente salida de Gabriele Gravina como presidente de la Federación Italiana de Fútbol allanaría el camino para su regreso. Actualmente trabaja en Al-Sadd y, en el corto plazo, podría combinar ambos proyectos.
Quien lo sigue en las preferencias es Antonio Conte, quien está en el Napoli y su presidente, Aurelio De Laurentiis, es un hueso duro de roer. Para que asuma habría que negociar su salida del club o al menos un acuerdo para que pueda trabajar con la selección en paralelo.
Más atrás aparece Massimiliano Allegri, quien atraviesa su segunda etapa en el Milan con contrato hasta 2027, por lo que su llegada también requeriría una fórmula creativa para liberarlo o compatibilizar ambos compromisos. Perfil experimentado, conocedor del fútbol italiano y sin el ruido mediático que generan los otros nombres.
Pero el sueñoo imposible tiene nombre y apellido: Pep Guardiola, quien sería un cambio radical y, de concretarse, se convertiría en el primer seleccionador no italiano de la historia en dirigir a la cuatro veces campeona del mundo. Pero su llegada es muy difícil.
Primero debería confirmar su salida del Manchester City al final de la temporada, por lo que su llegada a Italia, de producirse, sería como mínimo para la temporada siguiente. Por eso, el nombre de Pep se percibe más como una aspiración ambiciosa que como una alternativa real en el corto plazo.



