
La ministra de Relaciones Exteriores británica, Yvette Cooper, encabezó este jueves una reunión virtual con representantes de cerca de 40 naciones para abordar la "urgente necesidad" de reabrir el Estrecho de Ormuz, vía marítima clave por donde transita el 20% del petróleo mundial.
El encuentro se produce bajo la presión de Estados Unidos, luego de que el presidente Donald Trump advirtiera que su país no intervendrá más para asegurar el suministro de naciones dependientes de este paso estratégico.
Riesgo para la seguridad económica global
Durante la apertura de la sesión, la funcionaria Yvette Cooper señaló que la postura de Irán de paralizar el tránsito comercial representa una amenaza directa para la estabilidad financiera de la comunidad internacional.
"La 'imprudencia' de Irán al bloquear la vía marítima afecta a la seguridad económica global", sentenció la ministra ante las delegaciones presentes.
Por su parte, el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, ya había adelantado que la prioridad de esta cumbre es agotar las instancias de diálogo antes de considerar otras alternativas.
El mandatario británico afirmó que se evaluarían "todas las medidas diplomáticas y políticas viables para restablecer la libertad de navegación, garantizar la seguridad de los buques y de los marinos bloqueados y reanudar la circulación de mercancías vitales".
Impacto en el mercado de hidrocarburos
El conflicto, que escaló tras los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán el pasado 28 de febrero, ha generado un incremento drástico en el precio de los combustibles a nivel mundial.
Ante este escenario, un grupo de potencias integrado por Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Japón y el propio Reino Unido emitió un comunicado conjunto manifestando su disposición para restaurar la seguridad en el Golfo Pérsico.
A la lista de 37 países firmantes que respaldan la iniciativa británica se sumaron naciones latinoamericanas como Chile y Panamá.
Sin embargo, destaca la ausencia en el documento de actores fundamentales como China, la mayoría de los países de Oriente Medio y el propio Estados Unidos, cuyo líder, Donald Trump, ratificó el pasado martes que su administración "ya no estará ahí" para asistir a los países afectados por el cierre del estrecho.



