El canónigo de la catedral de Valencia, Alfonso López Benito, conocido en los cenáculos eclesiales como don Alfonso, siempre fue un pastor ejemplar. A sus 79 años, este asesor del arzobispo de la ciudad, Enrique Benavent, operaba con la discreción de un fiel soldado de la ortodoxia en su micromundo de secretos y oración. Doctor en Derecho Canónico, juez de la canonización de 250 mártires de la Guerra Civil y profesor universitario, su vida carecía de mácula en plena senectud.
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