Decenas de personas hicieron cola desde la madrugada de este miércoles a las afueras del edificio de inspiración clásica que acoge al Tribunal Supremo para asistir a una sesión judicial histórica: los argumentos orales sobre el intento de Donald Trump de tumbar una pieza esencial de la democracia más vieja y estable del mundo, el acceso a la ciudadanía por nacimiento en el territorio de Estados Unidos. Pero hubo alguien que no tuvo que tragarse horas de espera a la intemperie para asistir a la vista: el propio Trump. Una vez más, el multimillonario neoyorquino rompió los moldes y se personó en el alto tribunal: se convirtió en el primer presidente de EE.UU. en su cargo que asiste a una sesión del Supremo.Bajo la mirada del presidente, los nueve magistrados escucharon e interpelaron al fiscal que lidera el caso para la Administración Trump, John Sauer. Los jueces, con una mayoría conservadora reforzada, mostraron una mezcla de división y escepticismo sobre los méritos del caso.La presencia del presidente era un intento evidente de presionar a los jueces para defender una de sus decisiones más polémicas desde su regreso al poder: la orden ejecutiva que firmó poco después de llegar a la Casa Blanca en enero del año pasado para impedir que los hijos de los inmigrantes indocumentados accedan a la ciudadanía estadounidense.Es un derecho establecido por la 14ª Enmienda de la Constitución de EE.UU. , que establece que «todas las personas nacidas o naturalizadas en EE.UU. y sujetas a su jurisdicción, son ciudadanos de EE.UU.». Su interpretación no ha sido contestada en tribunales -y con poco rechazo público- desde finales del siglo XIX. Pero Trump defiende que se hizo solo para proteger a los hijos de los esclavos tras la Guerra Civil, no para el abuso actual de inmigrantes indocumentados o ‘turistas de nacimientos’, cuyos hijos acceden sin cortapisa a la nacionalidad.Noticia relacionada general No No Tras el choque con Europa EE.UU. se plantea salir de la OTAN David AlandeteHace muy pocos años, la escena vivida en el Supremo este miércoles hubiera sido impensable. Un presidente sentado en los bancos de la sala del tribunal, después de meses de presiones públicas a los magistrados para que dicten a favor de sus intereses. Y nueve magistrados tratando un asunto que se consideraba hasta ahora bien cimentado por el texto constitucional, precedentes legales y leyes aprobadas en el Congreso.Durante la sesión, que se alargó durante más de dos horas, algunos de los jueces de la mayoría conservadora mostraron escepticismo hacia la posición de la Administración Trump. Pero también recibieron con interés algunas de las posiciones de Sauer, por lo que la decisión del Supremo podría ser ajustada y no está clara la postura por la que se inclinará.La decisión del alto tribunal no se conocerá hasta junio. Mientras tanto, Trump trasladó la presión de los bancos del Supremo a su altavoz en redes sociales.«Somos el único país en el mundo lo suficientemente estúpido para permitir la ciudadanía por ‘derecho de nacimiento’» , escribió, aunque no es cierto que EE.UU. sea el único país en el que rige el llamado ‘ius soli’ o acceso a la ciudadanía por nacimiento en el territorio. También lo tienen, entre otros, Canadá, México o Brasil. En España, como en la mayoría de países, rige el ‘ius sanguini’, con acceso a la ciudadanía a través de la de los padres.Trump no hizo referencias al contenido de las discusiones en el Supremo. Tampoco se quedó para toda la sesión. Poco después de que la abogada que lidera la causa contra su orden ejecutiva, Cecilia Wang, tomara la palabra, el presidente de EE.UU. se marchó de forma abrupta a la Casa Blanca. Wang es una abogada de la Unión Americana para las Libertades Civiles (ACLU, en sus siglas en inglés), la principal organización para la defensa de los derechos civiles en EE.UU. y que llevó la orden ejecutiva de Trump a los tribunales en cuanto la firmó el presidente. La propia letrada es un ejemplo vivo de lo que se trata en el caso. Sus padres emigraron como estudiantes universitarios de Taiwán a EE.UU. y ella nació tres años después, cuando sus progenitores no habían accedido todavía a la nacionalidad estadounidense. Ella la obtuvo, como tantos otros en la historia del país, por nacimiento en el territorio de la primera potencia mundial. Mientras los magistrados escuchaban los argumentos de las partes, cientos de personas protestaban el intento de tumbar ese derecho de la 14ª Enmienda. Entre ellos, uno de los inmigrantes más célebres de EE.UU., el cocinero español José Andrés. «Lo de hoy no tiene que ver con defender un derecho constitucional», proclamó. «Lo de hoy va mucho más allá: es sobre defender la misma idea de lo que es y de lo que será EE.UU.»
División y escepticismo en el Supremo de EE.UU. sobre la ciudadanía por nacimiento bajo la presión de Trump para anularla
Cortex AI
Resumen, sesgo y contexto.ABC España


