La demografía histórica revela una Hispania romana menos dependiente del trabajo servil de lo que se creía. Un nuevo estudio propone que esclavos y libertos apenas alcanzaron el nueve por ciento de la población hispana.
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La esclavitud romana se ha estudiado desde perspectivas jurídicas, económicas o sociales, sin embargo, rara vez se ha abordado desde un enfoque estrictamente demográfico. Pese a su relevancia en el Imperio romano, Hispania ha quedado al margen de este tipo de análisis cuantitativos. La ausencia de censos completos, además, ha obligado a los historiadores a tener que trabajar con estimaciones fragmentarias y extrapolaciones indirectas, lo que ha generado cifras muy dispares y, en muchos casos, poco fundamentadas.
Un reciente estudio, firmado por Fernando Blanco Robles y publicado en la revista Lucentum, propone ahora una aproximación sistemática al problema. Usando los testimonios de la epigrafía latina como fuente principal, plantea una hipótesis disruptiva: durante el Alto Imperio, la población esclava de Hispania podría haber representado en torno al 9 % del total provincial. Este cálculo, además de revisar a la baja algunas visiones maximalistas, obliga a reconsiderar el papel real del trabajo servil en la economía peninsular romana.

Epigrafía y demografía: cómo contar a quienes casi no dejaron rastro
El núcleo metodológico del trabajo se apoya en el análisis de 230 individuos esclavos documentados epigráficamente en Hispania. Aunque esta muestra está condicionada por la naturaleza selectiva de las inscripciones funerarias, permite identificar tendencias demográficas consistentes cuando se compara con otros territorios imperiales.
Uno de los rasgos más claros que emergen del análisis es el desequilibrio sexual. Según Blanco Robles, los varones representarían un 64 % de los casos, aproximadamente, frente a un 36 % de mujeres. Esta desproporción, que coincide con los patrones observados en otras regiones romanas, refleja las dinámicas de adquisición y uso de mano de obra, vinculadas, sobre todo, a las actividades agrícolas y productivas.
La mortalidad se concentra entre los 10 y los 39 años, con una caída muy pronunciada a partir de los 40. La esperanza de vida media, por tanto, se sitúa en torno a los 30 años, un dato que coincide con la de la población libre del Imperio. Este paralelismo sugiere que, desde el punto de vista demográfico, los esclavos eran plenamente asimilables al resto de la población.
Según la investigación, tampoco se detecta una mortalidad infantil excepcionalmente elevada. Todo ello cuestiona algunos tópicos sobre las supuestas condiciones vitales de los esclavos y sugiere un escenario más complejo.

¿De dónde procedían los esclavos? Más allá de los vernae
Otro de los grandes debates historiográficos gira en torno a las fuentes de abastecimiento de población esclava. En buena parte de los estudios históricos, se había concedido un papel central a los vernae, es decir, los esclavos nacidos en el seno de hogares serviles. Sin embargo, la evidencia epigráfica hispana solo documenta unos 120 vernae, que apenas representan un 16 % del total de casos analizados.
Este dato, por tanto, parece invalidar la idea de que la reproducción natural pudiera sostener por sí sola la población esclava, al menos en Hispania. El estudio subraya que el abastecimiento tuvo que asegurarse mediante mecanismos heterogéneos. Así, se habrían conseguido esclavos a partir de los prisioneros de guerra, los mercados externos, la piratería, las condenas penales (servi poenae), los niños expósitos y, en menor medida, las ventas voluntarias de ciudadanos.
Aunque las guerras republicanas proporcionaron enormes contingentes humanos (se calcula que entre 670.000 y 730.000 personas fueron esclavizadas entre 297 y 167 a. C.), esta fuente se volvió inestable en la época imperial. A partir de Augusto, la disminución de las conquistas masivas obligó a replantear los mecanismos de reposición de la población esclava.

Repensar los porcentajes: del Imperio romano a la escala hispana
Las estimaciones globales de la población esclava en el Imperio romano han oscilado históricamente entre el 10 % y el 20 %, con propuestas clásicas que atribuían a Italia entre dos y tres millones de esclavos. Investigadores como Scheidel o Lo Cascio han revisado estas cifras y han sugerido que, incluso en el apogeo augusteo, Italia difícilmente superó el 15–20 %. Dos siglos más tarde, estas cifras se reducirían aún más hasta colocarse por debajo del 10 %. A partir de estas revisiones y considerando las particularidades económicas de Hispania, sobre todo la Baetica y el occidente de la Citerior, el estudio propone una horquilla del 5–10 % de esclavos sobre una población total estimada en 4,2 millones de habitantes.
Esto arroja cifras aproximadas de entre 200.000 y 400.000 personas esclavizadas, con una media probable de 300.000–350.000. Si se suman los libertos, cuya población se ha calculado en unos 105.000 individuos, se obtiene una población dependiente cercana a los 405.000 habitantes.
En conjunto, los esclavos y los libertos habrían representado aproximadamente el 9 % de la población de Hispania altoimperial. Esta cifra, además de resultar coherente con los modelos más recientes obtenidos en otras regiones del Imperio romano, habría sido compatible con la capacidad de sostenimiento del sistema.

Comparaciones históricas y distribución territorial
El estudio refuerza la plausibilidad de esta hipótesis mediante comparaciones tanto internas como externas. En la Hispania romana se estiman unos 0,15 millones de esclavos urbanos y 0,2 millones rurales, frente a 0,85 y 3 millones de población libre, respectivamente. Dentro de la propia península existían, además, contrastes marcados. Lusitania y los conventus del noroeste presentaban cifras mucho más reducidas respecto a las áreas meridionales y mediterráneas, que estaban integradas en los circuitos económicos imperiales.
Resulta revelador el paralelismo que la investigación establece con la España de finales del siglo XVI. Con nueve millones de habitantes, el número de esclavos oscilaba entonces entre 100.000 y 300.000, es decir, entre el 1 % y el 3 % de la población total. En el arzobispado de Sevilla, por ejemplo, uno de cada treinta habitantes era esclavo en 1565. El volumen absoluto de esclavos era similar al romano, pero sobre una población mucho mayor.

Un vacío historiográfico que empieza a llenarse
El estudio de Blanco Robles propone un escenario más matizado que el de una economía dominada por las masas serviles. El trabajo servil convivió con una amplia base de mano de obra libre y su peso en la economía probablemente fue menor de lo que se ha supuesto.
Aunque la estimación del 9 % no pretende ser definitiva, invita a abandonar interpretaciones maximalistas y a repensar la sociedad romana a partir de parámetros demográficos comparados. En última instancia, esta investigación demuestra que las fuentes fragmentarias permiten tanto construir modelos razonables como abrir nuevas vías para comprender la compleja realidad humana del Imperio romano.
Referencias
- Blanco Robles, Fernando. 2026. "Demografía de la esclavitud en Hispania romana". Lucentum, 45: 83–100. DOI: https://doi.org/10.14198/LVCENTVM.27606

