El hábito de bañarse en aguas termales no solo ayuda a los monos japoneses a soportar el invierno: un estudio revela cómo esta conducta modifica su relación con parásitos y bacterias sin aumentar el riesgo de infección.
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Las imágenes de monos japoneses (Macaca fuscata) sumergidos en aguas termales, rodeados de vapor en pleno invierno, se han convertido en un icono casi turístico. Esa escena transmite calma y resistencia al frío, pero también ha alimentado la idea de que se trata de una conducta sencilla, puramente orientada a conservar el calor corporal. Sin embargo, esa lectura empieza a quedarse corta a la luz de nuevos datos científicos.
Un estudio reciente centrado en macacos japoneses salvajes sugiere que este hábito invernal tiene consecuencias biológicas más profundas de lo que parecía. El trabajo, realizado por investigadores de la Universidad de Kioto, indica que el baño en aguas termales no solo está relacionado con la temperatura corporal, sino que modifica la forma en que estos animales interactúan con parásitos y microorganismos, sin que ello implique un mayor riesgo de infección.
Un comportamiento llamativo que va más allá del frío
El baño en aguas termales es una conducta excepcional entre los primates no humanos. “El baño en aguas termales es uno de los comportamientos más inusuales observados en primates no humanos”, una afirmación que resume bien por qué este fenómeno despierta tanto interés científico. No se trata solo de una rareza visual, sino de una oportunidad para estudiar cómo el comportamiento puede influir directamente en la biología.
Durante el invierno, los macacos japoneses se enfrentan a temperaturas extremas, especialmente en regiones montañosas del centro de Japón. En ese contexto, sumergirse en agua caliente parece una respuesta lógica. Sin embargo, el estudio parte de una hipótesis más amplia: que esta conducta podría estar influyendo en los organismos que viven sobre y dentro del cuerpo de los animales, desde parásitos externos hasta bacterias intestinales.
Lo relevante es que el baño no se produce en condiciones artificiales ni controladas, sino en un entorno natural. Esto permite analizar la conducta tal como ocurre en libertad, sin interferencias humanas directas, algo poco habitual en estudios sobre microbioma y parasitismo en primates salvajes.

Cómo se estudió a los macacos en su entorno natural
Para poner a prueba esta idea, el equipo de investigación llevó a cabo observaciones prolongadas en el parque de monos de Jigokudani, en la prefectura de Nagano. Durante dos inviernos consecutivos, los investigadores siguieron de cerca a un grupo de hembras adultas, registrando qué individuos entraban con frecuencia en las aguas termales y cuáles evitaban hacerlo de forma sistemática.
Este seguimiento del comportamiento se combinó con dos tipos de análisis biológicos. Por un lado, se evaluó la presencia de parásitos externos, como los piojos, mediante la observación de conductas de acicalamiento social. Por otro, se analizaron muestras fecales para estudiar el microbioma intestinal, es decir, el conjunto de bacterias que habitan en el aparato digestivo.
El enfoque del estudio se apoya en el concepto de holobionte, que describe al organismo anfitrión junto con todos los microorganismos y parásitos asociados. Desde esta perspectiva, el macaco no es solo un animal individual, sino un sistema biológico complejo en el que el comportamiento puede alterar equilibrios microscópicos con efectos potenciales sobre la salud.
Cambios sutiles pero medibles en parásitos externos
Uno de los resultados más llamativos del estudio tiene que ver con los piojos. Los macacos que se bañaban en aguas termales no mostraron necesariamente menos parásitos, pero sí cambios en su distribución corporal. Esto sugiere que la exposición al agua caliente podría interferir con la actividad de estos parásitos o con los lugares donde depositan sus huevos.
Este matiz es importante porque evita una conclusión simplista. El baño no actúa como un desinfectante total ni elimina el parasitismo, pero altera las condiciones en las que los parásitos interactúan con el cuerpo del animal. En términos biológicos, pequeños cambios de este tipo pueden tener consecuencias acumulativas a largo plazo.

Además, el estudio se apoya en observaciones de acicalamiento social, una conducta clave en los primates. El hecho de que estas interacciones se utilicen como indicador de carga parasitaria refuerza el valor ecológico del trabajo, ya que conecta comportamiento social, parásitos y entorno de forma integrada.
El microbioma intestinal también muestra diferencias
El análisis del microbioma intestinal añade otra capa de complejidad. Según el documento, la diversidad global de bacterias intestinales fue similar entre los macacos que se bañaban y los que no, un resultado que descarta cambios drásticos en la comunidad microbiana. Sin embargo, al observar con más detalle, emergen diferencias relevantes.
Algunos grupos de bacterias fueron más abundantes en los individuos que no se bañaban. Esto indica que el baño en aguas termales podría estar influyendo de forma selectiva en ciertas poblaciones bacterianas, sin alterar por completo el equilibrio general del microbioma.
Este tipo de cambios sutiles es coherente con lo que se observa en otros animales, incluidos los humanos, donde hábitos cotidianos pueden modificar la composición microbiana sin provocar enfermedades. En este caso, el baño parece actuar como un factor ambiental que introduce variaciones, no como una perturbación extrema.
Un punto clave: no aumenta el riesgo de infección
Uno de los temores habituales asociados al uso compartido de agua es el aumento del riesgo de infección. Sin embargo, el estudio no encontró mayores tasas ni intensidades de infección por parásitos intestinales en los macacos que se bañaban con frecuencia. Este resultado es crucial para interpretar correctamente los datos.
Lejos de apoyar la idea de que las aguas termales compartidas son un foco de transmisión peligrosa, los resultados sugieren que, al menos en condiciones naturales, el baño no incrementa el riesgo sanitario. Esto obliga a matizar ciertas suposiciones sobre higiene, contacto y enfermedad en animales sociales.
En palabras del propio autor principal, “el comportamiento suele tratarse como una respuesta al entorno, pero nuestros resultados muestran que este comportamiento no solo afecta a la termorregulación o al estrés: también altera cómo los macacos interactúan con los parásitos y microbios que viven sobre y dentro de ellos”. Esta afirmación resume bien el alcance conceptual del trabajo.
Comportamiento, salud y evolución
Más allá de los resultados concretos, el estudio aporta una idea de fondo relevante: el comportamiento puede ser un motor activo de cambios biológicos, no solo una consecuencia pasiva del entorno. En el caso de los macacos japoneses, una costumbre aprendida y socialmente transmitida influye en su holobionte de forma medible.
Este enfoque tiene implicaciones para la biología evolutiva, ya que sugiere que ciertas conductas podrían verse favorecidas no solo por beneficios visibles, como conservar el calor, sino también por efectos indirectos sobre la salud. Aunque el estudio no afirma que el baño sea una estrategia adaptativa consciente, sí abre la puerta a pensar en estos hábitos como factores evolutivos.
Además, el trabajo establece paralelismos con prácticas humanas, como el baño o la higiene diaria, que también modifican nuestra exposición a microorganismos. Sin caer en comparaciones simplistas, el estudio invita a reconsiderar la relación entre cultura, comportamiento y biología en animales sociales.
Referencias
- Langgeng, A.; Lee, W.; Hanya, G.; Okamoto, M.; MacIntosh, A. J. J. Of hot springs and holobionts: linking hot spring bathing behavior, parasitism, and gut microbiome in Japanese macaques. Primates, 19 de enero de 2026. DOI: https://doi.org/10.1007/s10329-025-01234-z.


