El cáncer de cuello uterino tiene una causa claramente identificada: la infección persistente por el virus del papiloma humano (VPH). De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor del 95% de los casos de esta enfermedad se originan cuando el virus permanece durante años en el cuello del útero y provoca cambios celulares que, sin tratamiento, pueden evolucionar hacia cáncer.
El cuello del útero es la parte inferior del útero que conecta con la vagina y, cuando se ve afectado por tipos oncogénicos del VPH, puede desarrollar lesiones precancerosas. En la mayoría de los casos, la progresión desde células anormales hasta un cáncer invasivo es lenta y puede tardar entre 15 y 20 años, lo que ofrece una amplia oportunidad para la detección temprana y el tratamiento oportuno.
El VPH es una infección de transmisión sexual extremadamente común. La mayoría de las personas sexualmente activas la contraen en algún momento de su vida, generalmente sin presentar síntomas. El sistema inmunitario suele eliminar el virus de manera espontánea; sin embargo, cuando la infección persiste y está causada por tipos de alto riesgo, puede generar alteraciones celulares que con el tiempo derivan en cáncer.
Este proceso puede acelerarse en mujeres con el sistema inmunitario debilitado, como aquellas que viven con VIH sin tratamiento, en quienes la progresión puede ocurrir en un período de cinco a diez años. Otros factores que incrementan el riesgo incluyen la presencia de otras infecciones de transmisión sexual, el número de partos, un primer embarazo a edad temprana, el uso prolongado de anticonceptivos hormonales y el tabaquismo.
A nivel mundial, el cáncer de cuello uterino es el cuarto tipo de cáncer más frecuente en las mujeres, según la OMS. En 2022 se registraron cerca de 600,000 nuevos casos y alrededor de 350,000 muertes, de las cuales más del 94% ocurrieron en países de ingresos bajos y medianos. Las mayores tasas de incidencia y mortalidad se concentran en África Subsahariana, América Central y Asia Sudoriental, una situación que refleja profundas desigualdades en el acceso a la vacunación, al diagnóstico temprano y al tratamiento.
Prevención
Ante este escenario, la vacunación contra el VPH se ha consolidado como la principal herramienta de prevención. Actualmente, existen ocho vacunas autorizadas, cinco de ellas precalificadas por la OMS y disponibles a nivel mundial. Todas protegen contra los tipos 16 y 18 del VPH, responsables de aproximadamente el 76% de los casos de cáncer de cuello uterino. La recomendación es aplicarlas prioritariamente a niñas de 9 a 14 años, antes del inicio de las relaciones sexuales, aunque algunos países también han extendido la vacunación a los varones para reducir la circulación del virus.
Asimismo, la organización ha planteado como meta la eliminación del cáncer de cuello uterino como problema de salud pública, definiéndola como una tasa máxima de cuatro casos por cada 100,000 mujeres al año. Para lograrlo, propone alcanzar antes de 2030 altos niveles de vacunación, detección y tratamiento. Las proyecciones indican que, si estos objetivos se cumplen, podrían evitarse millones de casos y muertes en los próximos años, reduciendo de manera significativa una enfermedad que, pese a su fuerte impacto, es en gran medida prevenible.
Mariel Alcántara
Licenciada en Comunicación Social, egresada de la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA). Desde el inicio de mi formación, he demostrado un profundo compromiso con la búsqueda de la verdad, el ejercicio ético del periodismo y el poder de la información como herramienta de transformación social. He desarrollado habilidades en redacción informativa, entrevistas, y análisis de contenido, destacándome por mi enfoque crítico y responsabilidad profesional en cada proyecto.
