
La comunidad cristiana festeja hoy el Domingo de Ramos, celebración que recuerda la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, montado sobre un burro, que según los textos bíblicos fue recibido por una multitud con ramos de palma que lo proclamó mesias y rey, conmemoración que marca el inicio de la Semana Santa.
Tan significativo para la grey cristiana es ese episodio, que fue relatado en el texto bíblico por los evangelistas Mateo, Marcos, Lucas y Juan, porque cumplía con la profecía de Zacarías, que refiere la venida de “un rey de paz, que muestra humildad y mansedumbre”. (¡Bendito el que viene en nombre del Señor”¡)
Mientras en las iglesias litúrgicas en todo el mundo celebran hoy el Domingo de Ramos con la bendición y distribución de ramas de palma, en señal de alegría por el arribo a Jerusalén del hijo de Dios, Israel y Estados Unidos libran una guerra contra Irán que tiene como telón a una Palestina destruida y al Líbano ocupado.
Territorios mencionados en los textos sagrados de musulmanes, judíos y cristianos han sido escenarios recientes de actos de barbarie, como si la ira que antes de ofrendar la vida de su hijo para subsanar el pecado, tuvo el Altísimo contra la desobediencia de Israel ante los designios divinos.
El papa León XIV ha calificado la guerra en Irán como “un escándalo para toda la familia humana” y reclamó prohibir para siempre los bombardeos aéreos, porque usar aviones para atacar es regresión y no progreso, además de señales de “que la guerra es siempre una derrota”.
La feligresía dominicana, agobiada por el impacto económico que causa la guerra en Oriente Medio, acoge con mezcla de júbilo y esperanza la conmemoración hoy del Domingo de Ramos, en preparación también para el recogimiento y reflexión que marca la Semana Santa.
La sociedad toda debe cubrirse durante Semana Santa con manto de moderación y respeto por una evocación que promueve paz, amor, comprensión, esperanza y perdón, en tanto que Gobierno, liderazgo político y empresarial, deberían reflexionar sobre sus deberes y obligaciones en momentos tan aciagos.
Son estos momentos, convocados por la Iglesia católica y otras denominaciones cristianas, propicios para que la población reflexione en torno a consolidar a la familia como institución primigenia de la sociedad, la convivencia, comprensión y solidaridad, con la alegría y esperanza que embargó a los hebreos al recibir con palmas y júbilo al redentor.

