Donald Trump regresó a la Casa Blanca en 2025 con una promesa clara: acabar con las guerras interminables y reducir la presencia militar de Estados Unidos en el exterior. Tras décadas marcadas por Irak y Afganistán, su discurso apelaba a cerrar frentes, no a abrirlos. Pero poco más de un año después, el mapa de las operaciones militares estadounidenses apunta en la dirección contraria.
Desde enero de 2025, Estados Unidos ha llevado a cabo ataques en hasta siete países: Somalia, Yemen, Irak, Siria, Nigeria, Venezuela e Irán. Son operaciones distintas, con objetivos que van desde la lucha contra el terrorismo hasta el golpe a infraestructuras estratégicas o redes de narcotráfico, contando con la supuesta desnuclearización de Irán. En conjunto, reflejan una expansión sostenida del uso de la fuerza militar en múltiples regiones del mundo.
El ataque más reciente contra Irán marca además un punto de inflexión. No solo por su escala, porque es la mayor operación exterior del mandato de Trump, sino también por las dudas legales que ha generado entre expertos en derecho internacional. En este contexto, la estrategia de Washington oscila entre la disuasión, la respuesta puntual y una implicación creciente en conflictos que siguen abiertos.
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