
El caso $LIBRA. Un vuelo difícil de explicar a Punta del Este. Audios que hablan de un supuesto pago de 4000 dólares a Karina Milei en 2024, ya con su hermano presidente. Y una economía que no termina de despegar. El Gobierno tiene elementos suficientes para sentirse en uno de sus peores momentos. Fueron bombas repentinas: hace tres semanas celebraba en la Asamblea Legislativa la sanción de dos leyes imposibles para cualquier administración no peronista.
Un paisaje típico de la era Milei. Habrá que incorporarle ahora estos sobresaltos. La oposición celebra: Pro recuperó los globos, Kicillof relanzó Movimiento Derecho al Futuro y una parte del PJ, la que incluye a Guillermo Moreno y Miguel Pichetto, empezó a contactarse con empresarios. Hasta con Eduardo Eurnekian, mentor corporativo de Milei, con quien ambos se vieron en un restaurante.
Viene un semestre complicado. Precios altos de la energía, tasa de interés fluctuante, actividad baja y presión inflacionaria. Quienes conocen a Milei lo ven preocupado. La incógnita es, como siempre, su reacción. ¿Hará un recálculo de política monetaria para volcar más pesos en la economía? Alguien se lo preguntó estos días al Presidente. Respuesta corta de WhatsApp: “Ni en pedo”.
Hay que entender a Milei desde su impronta personal. Él está convencido de que llegó a la presidencia a cumplir una misión. “Por voluntad de los argentinos y el Creador”, definió anteayer en Tucumán. Y ese objetivo se interpreta desde la única óptica en que él analiza la política: el individuo y la macroeconomía. Ese es su mundo y su obsesión. Su “moral como política de Estado”, esos principios a los que podrá llegar mediante una parábola o después de un intervalo, pero que no está dispuesto a negociar. Para Milei, por ejemplo, los impuestos son un robo. Y la justicia social, “envidia con retórica”, en los términos de Thomas Sowell. “¿Desde cuándo la envidia dejó de ser un pecado capital para convertirse en una virtud?”, volvió a citar en Tucumán.
Pero la política tiene otro lado desde donde últimamente vienen las sorpresas. Una ciénaga en la que él admite concesiones, delega y se traga sapos. Temas que prefería evitar, pero en los que también está obligado a responder penalmente. El lado amateur libertario.
La delimitación de ambos terrenos es clara. Milei pisa firme donde se discuten sus convicciones. El conflicto con Paolo Rocca, por ejemplo, hace a la discusión del modelo: el que, en ese caso, le da prioridad al mercado sobre las empresas. Por eso no suelta el tema. “Es una pelea que vale la pena dar”, volvió a plantear anteayer. Difícil imaginar un acercamiento porque ninguno de los dos es de agachar la cabeza. A Rocca le molestó hasta el sobrenombre despectivo con que lo bautizó el Presidente, y a Milei, que Techint hiciera en diciembre, en la licitación convocada por el consorcio que integran YPF, Pan American Energy y Pampa Energía, la que desencadenó la pelea, una segunda oferta que demostraba que no era imposible bajar el precio. El Gobierno creyó descubrir en ese recálculo la pretensión inicial de una prebenda.
En la empresa lo niegan. Dicen que el contraste de precios con que los expone Milei es antojadizo y malintencionado y que presentaron la segunda oferta aun sabiendo que no era rentable y solo porque siempre resulta más costoso desarmar equipos de trabajo ya formados.
Pasado el contrapunto, lo relevante vuelve a ser lo que viene. ¿Volverá Techint a participar o preferirá invertir en otros destinos? En la industria dicen que la relación con Pan American Energy quedó dañada no solo desde que los Bulgheroni desecharon la segunda oferta, en diciembre, sino en enero, cuando se filtró el resultado de la licitación. “Después de Davos”, especifican. La mención no es inocente: en ese viaje coincidieron Karina Milei y Bettina Bulgheroni.
A nadie del establishment económico le gusta quedar expuesto. ¿Hubo, como trascendió en foros empresariales, una discusión entre Rocca y Marcos Bulgheroni a los gritos? Ambos entornos hacen silencio.
Lo constatable hasta ahora es el humor de Milei. Acaso contagioso en el oficialismo. Bastó con escuchar esta semana a Horacio Marín, presidente de YPF, inusualmente enfático cuando adelantaba en el foro Vaca Muerta Insights, en Neuquén, que modificaría en adelante las licitaciones. El nuevo modelo propuesto, que Marín detalló delante del moderador, Nicolás Gandini, se conoce en la industria como on stage y obliga a fijar costos públicamente antes de la etapa final. Pero lo que llamó la atención fue el modo en que Marín se explayaba, muy molesto con alguien a quien no nombra. “Vamos a hacerlo on stage, se acabó –dijo–. Viste cómo es esto, ¿no? Vos tenés un amigo, entonces licitás, el amigo te toma el precio, me entrás a hinchar las pelotas por otro lado, entrás a hablar con el otro y es un dolor de pelotas. Yo lo llamo ‘espíritu Estenssoro’: me vas a licitar lo que yo quiero, no lo que vos querés, porque, viste, es una cosa increíble. De golpe te dicen: ‘Hiciste mal la cuenta’. ¿Qué mal la cuenta, boludo, si el que licita soy yo? Es como que vos llamás al plomero y te dice: ‘Hiciste mal la cuenta’. ¿Qué mal la cuenta, boludo, si yo te llamé? Va a haber un escribano, una planilla de Excel: se acabó, no me podés decir más nada, perdiste. Uh…, no, pero… ¡hubieses puesto un precio más bajo! Tiene que ser público, basta de cosas raras, de que te llamaron. Jugate, guacho, jugate cuando hay que jugarse, no después. Se terminó eso. Es muy complejo que siempre te estén operando: siempre tienen un amigo, el amigo te lo da, te mandan solicitadas. Hay que cortarlo”.
Marín es un ex-Techint. Se llevó de ahí 26 ejecutivos a YPF. ¿Fuego amigo? ¿Revancha? La retórica puede ser propia, pero el contenido replica exactamente lo que piensan Milei y quien más lo apuntala en esta dialéctica, Federico Sturzenegger.
Queda por ver si el contexto global agravará tensiones. El Gobierno tiene por delante batallas comparables y acaso más arduas. La que libra con los laboratorios, por ejemplo, luego de que derogó una resolución de 2012 que sustentaba parte del negocio farmacéutico en la Argentina. No está terminada porque queda un paso gravitante, la protección de datos de los ensayos en la Anmat, dependencia donde se registran los medicamentos. El posible desenlace divide a dos cámaras, Caeme (laboratorios extranjeros) y Cilfa (locales), pero estos celebran el gol por anticipado: “Cilfa reconoce y valora la decisión del gobierno argentino de excluir la protección de los datos de prueba”, dijeron en un comunicado. En Caeme esperan que eso se resuelva en sentido contrario.
El paso dado por el Gobierno para resguardar la propiedad intelectual sacude también a las prepagas, que temen alzas en los medicamentos. “La copia era más barata: la Argentina no está hecha para esto”, se oyó anteayer en la reunión de la Asociación Civil de Entidades Médicas. Los argumentos volverán a escucharse en breve, cuando el Gobierno tome una decisión similar para las semillas y los agroquímicos. Es la misma puja: el despacho de Alejandro Cacace, colaborador de Sturzenegger, volvió a recibir borradores y propuestas desinteresadas. La Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes, que nuclea a las multinacionales, pide por ejemplo que el tema no se incluya dentro del paquete farmacéutico. Temen el lobbying de Cilfa. “Queremos separarnos de la discusión porque ellos son muy poderosos: sería David contra Goliat”.
Son peleas medulares: sobre el modelo. ¿Conviene darlas en contextos adversos? Hay que volver a la axiología de Milei y a su estilo. Gabriel Slavinsky, psicólogo y politólogo, suele decir que el Presidente gobierna “golpeando con emociones”, y que en política hay tres negativas y básicas: “El miedo, el enojo y hasta el asco, algo a lo que ni siquiera Cristina se atrevía”, dice. Con esa estrategia, agrega, el Gobierno apunta a consolidar el 40%, que, con la oposición dividida, le alcanzaría para ganar en primera vuelta en 2027.
Con la actividad planchada e inflación e investigaciones por corrupción sobrevolando, ese umbral es ahora una línea delgada que separa la reelección del regreso al llano. Por eso la oposición se envalentona. Milei prefiere en cambio acelerar. Lo hizo en 2025, año electoral. “Estábamos en campaña y salimos del cepo. Somos estoicos. Eso es virtud”, dijo anteayer. Terreno propio. Pero es del otro lado, el que preferiría evitar, de donde vienen ahora sus penurias.



