
Se decía, cuando algún problema se guardaba en la intimidad, que "la procesión va por dentro". En el mundo actual, cuyos bombazos impactan en el acto por todas partes y de mil maneras, la procesión va por fuera. La procesión está en carne viva en las noticias, y en las consecuencias de las noticias que no se entienden.
La procesión va por fuera por los efectos, en general perniciosos, que proyecta la política salvaje hasta en los rincones más alejados del pobre globo. Pero que suframos los efectos casi en directo no quiere decir que sepamos cómo y por qué. La fruta sigue llegando de Brasil y otros lugares remotos. Y en mayo entra el Mercosur. O sea, hay ritmos diferentes, incluso opuestos.
En las guerras se oculta la información: este axioma se complica porque ahora, donde hay paz, se ha instalado la mentira por defecto: ya está bendecida y descontada. El camino desde la posverdad y las fake news hasta la normalización de la mentira ha sido vertiginoso: también a eso nos hemos acostumbrado. La desconfianza era anterior a la IA. Hay otra novedad que dispara el no saber ni entender nada: el uso rutinario de la IA en las guerras hace que ni los propios militares sepan qué está pasando ni a quién disparan sus sistemas. Es una evolución de la guerra de Gila.
En la paz no sabemos cómo funcionan y cómo piensan estos ingenios, pero en conflictos bélicos aun va todo mucho más deprisa. Ni los generales adictos al tiktokeo pueden seguir a sus "soldados" autónomos. El control, si lo hubiere, sería a posteriori, y no parece que haya tiempo ni ganas de entender qué está pasando. Y menos si se bombardea una escuela y hay 160 muertos, la mayoría niños. Ya olvidados en el fragor de las inflaciones y las bombas. El único escenario al que no han llegado los robots es el propio país a invadir, puesto que Trump, que sepamos, ha enviado soldados humanos al Golfo.
Los humanos, como se ve en la invasión rusa sobre Ucrania, son vulnerables y difíciles de sustituir. Pero no se puede ocupar un país por streaming. Tal vez sean las últimas campañas en que ocurre esto, que data de los albores de la "civilización", piedras, hondas y puñales de sílex. El Banco de España pronostica una décima más de crecimiento, y su apuesta para el IPC, inflación, roza el 6% si el envite dura algo más. ¡El 6%! Al tiempo, España se configura como refugio de inversores, centros de datos y destino de turistas, y los aviones de pasajeros de los emiratos aparcan en Teruel hasta que escampe.
Despejar el Estrecho de Ormuz para que pasen los barcos va a ser tarea delicada, pero eso es lo que, al parecer, pretende Trump. Esta campaña, como tantas, va a lo loco, sin pensar ni un segundo. La IA, tan ocupada, no llega a todo. Israel, paradigma de la inteligencia y la eficacia de los servicios secretos y las argucias más asombrosas (poner explosivos en los teléfonos del enemigo, pincharlo todo), comprueba que no es suficiente y que hay que ir al cuerpo a cuerpo. Bombas y soldados.
El Estrecho es muy ancho e Irán es inmenso y lleva 40 años y veinte siglos preparando este día. Aunque Israel también lleva dos mil quinientos años, tal como recoge la Biblia en el Libro de Ester: según esas batallas, legendarias o reales, el rey de los persas, Jerjes (Asuero en la Biblia) tuvo a la judía Ester de concubina y esposa y ella intercedió para evitar que masacraran a los judíos que vivían dentro del imperio (un jefazo quisquilloso obtuvo el permiso del rey para matarlos por no hacerle la reverencia) y Jerjes les dio permiso a los judíos para que se defendieran, cosa que hicieron. Un hito que siguen celebrando los israelitas en el día de Purim.
Así que todo son repeticiones incesantes, sólo que ahora Israel (con su aliado americano, que entonces, por suerte, no existía) es el que ataca. La procesión va por fuera, con el orbe pendiente de si Trump da unos días más antes de incendiarlo todo, si los persas tienen medios para inmolarse y arrastrar al mundo a otro crack irreparable. Europa, secuestrada o raptada por estas furias, desunida por ley, podría ser el destino de millones de refugiados, como pasó cuando lo de Siria, cuando Merkel acogió en Alemania a un millón de sirios. Si es que para entonces queda Europa. La procesión no sólo va por fuera sino que pasa cada cinco minutos.


