La política estadounidense presta una especial atención a la puesta en escena. Las apariciones públicas de sus altos cargos están cuidadosamente estudiadas, tanto por el mensaje que se transmite a través de su discurso como por todo lo que no se expresa en voz alta. Los detalles son escogidos para reforzar una idea: firmeza, duelo, autoridad o cercanía. En ese sentido, ninguna otra situación se presta a esa simbología como los estados de alerta. En los días posteriores al 11-S, el entonces alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani apenas se separó de su gorra del departamento de bomberos de Nueva York, como símbolo de unidad ante el ataque pero también como una forma de sugerir que estaba en el lugar de la catástrofe como un trabajador público más.
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