Impredecible por naturaleza, con signos de deterioro cognitivo y otros trastornos, megalómano y mentiroso, Donald Trump se habilitó un recurso incomprobado para posponer por cinco días sus amenazas apocalípticas a Irán, evitar peores complicaciones económicas (los mercados financieros repuntaron y el precio del petróleo bajó) y darse más tiempo para acumular tropas y equipo en torno a la nación islámica que ha resistido más de lo que en sus mal hechos cálculos supuso el multimillonario narcisista (de hecho, ayer mismo comenzó a repartir culpas por lo que apunta a ser un fracaso, en primer lugar a su desechable secretario de “guerra”, Pete Hegseth).

