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"Impacto directo en el bienestar y seguridad sanitaria."
- El mismo día que se dio a conocer la decisión la familia de Geraldine Hermández , de 32 años, depositó una querella en la fiscalía de Santiago contra cuatro personas vinculadas a su fallecimiento en el referido centro.
Justicia para los muertos.- Dicen que a la tercera es la vencida, pero después de lo ocurrido en una clínica de estética en Santiago, donde una joven mujer murió tras practicarle una liposucción a pesar de que el centro había sido cerrado por Salud Pública y solo podía ofrecer consultas, eso está en veremos, por lo que habrá que cruzar los dedos y los mas devotos rezarle a la virgen de La Altagracia, a la que no deberíamos estar importunando por cosas que podrían garantizar las autoridades terrenales correspondientes, para que en esta ocasión sí sea la vencida y ninguna otra mujer tenga que perder la vida cuando solo buscaba verse y lucir mas atractiva y bella. Por eso hay que tomar con pinzas, y una dosis comprensible y natural de escepticismo, el anuncio del Ministerio de Salud, hecho a través de la Dirección de Habilitación de Establecimientos de Servicios de Salud, de que ordenó el “cierre definitivo” del Centro de Estética Diosa Los Jardines, S. R. L.
El mismo día que se dio a conocer la decisión la familia de Geraldine Hermández, de 32 años, depositó una querella en la fiscalía de Santiago contra cuatro personas vinculadas a su fallecimiento en el referido centro. Esas personas son los doctores Oscar Polanco, Eriberto Liranzo y Cindy Jiménez, quienes participaron en el procedimiento, además de la señora Cary Peña, quien presuntamente reclutaba a las eventuales pacientes. A esa mujer no se le podrá probar ningún tipo de responsabilidad por haberle recomendado el centro de estética, pero el médico que realizó la liposucción, que según la Asociación de Cirugía Estética y Reconstructiva no era cirujano plástico, debió ser consciente de que su falta de especialización en la materia podría poner en riesgo la vida de su paciente. Lamentablemente eso también será muy difícil de demostrar, entre reenvíos y aplazamientos interminables, en un tribunal de República Dominicana, donde se juega alegremente al cansancio de los que reclaman justicia para sus muertos, como si ni ellos ni sus dolientes merecieran descansar en paz.








