
Como cada inicio del ciclo lectivo, la vuelta a clases renueva expectativas, vínculos y aprendizajes, pero también invita a detenernos a mirar con atención las condiciones en las que se ejerce la educación en la Argentina.
Es importante reconocer que el país ha logrado avances significativos en materia de acceso al sistema educativo. Un estudio de Unicef, basado en datos del Censo 2022, señala que el nivel primario presenta tasas de escolarización cercanas a la universalidad y que más del 92% de las y los adolescentes asiste a la secundaria. Este es, sin dudas, un dato alentador: que las infancias y adolescencias estén en la escuela constituye un punto de partida imprescindible, especialmente en contextos de desigualdad social.
Sin embargo, el gran desafío sigue estando en los aprendizajes y en la continuidad de las trayectorias educativas. De cada 100 niñas y niños que comenzaron primer grado en 2013, apenas 10 lograron finalizar la escuela secundaria en 2024 en tiempo y forma, es decir, sin repetir ni abandonar y con aprendizajes satisfactorios en Lengua y Matemática. Estas cifras evidencian dificultades pedagógicas persistentes y condiciones estructurales, que exceden a lo escolar, que limitan las oportunidades de aprender.
Uno de los factores centrales para comprender este escenario son los fondos que se destinan. La Ley de Financiamiento Educativo estableció, hace casi veinte años, una inversión mínima del 6% del PBI, una meta que solo se alcanzó de manera sostenida en una oportunidad, en 2015. Según Unicef, durante estas dos décadas el Estado invirtió en promedio un 3,5% del PBI en educación. En los últimos años, además, la tendencia muestra una caída: en 2025 la inversión nacional estuvo por debajo del 1% del PBI y el Presupuesto 2026 mantiene esa misma orientación. Una situación que impacta de manera directa en las condiciones de enseñanza y aprendizaje, en la infraestructura escolar, y en la formación y el acompañamiento de las y los docentes.
A este escenario se suma un desafío demográfico que obliga a repensar la planificación educativa. Especialistas de Argentinos por la Educación advierten que, hacia 2030, la matrícula del nivel primario podría reducirse en un 27% respecto de 2023, lo que equivale a aproximadamente 1,2 millones de estudiantes menos en las aulas de todo el país.] Esta transformación abre interrogantes y también oportunidades que deberán abordarse en pocos años.
Estos son solo algunos de los desafíos que hoy atraviesa el sistema educativo argentino y que requieren respuestas integrales y sostenidas en el tiempo. Garantizar el acceso ya no alcanza: es necesario asegurar condiciones reales para que niñas, niños y adolescentes puedan aprender, permanecer en la escuela y completar sus trayectorias educativas. Reafirmamos nuestro compromiso con una educación que acompañe el desarrollo pleno de las infancias y adolescencias, y con la necesidad de fortalecer políticas públicas que garanticen este derecho.
Esperamos que la vuelta a clases sea una oportunidad para asumir responsabilidades colectivas y avanzar hacia un sistema educativo más justo y de calidad.
Directora Nacional de Aldeas Infantiles SOS Argentina


