Escaparse por unos días, cambiar de aire y compartir buenos momentos se volvió una de las formas preferidas de cortar con la rutina, especialmente cuando el destino combina cercanía y calidad.
En Mendoza, existe un pequeño pueblo que reúne vino, naturaleza y una atmósfera relajada, ideal para viajes en pareja o con amigos, donde cada paseo se transforma en una experiencia para disfrutar sin prisas.
Un pueblo vitivinícola para disfrutar en pareja o amigos
Chacras de Coria es una localidad con espíritu de pueblo que combina tradición, naturaleza y una marcada identidad vitivinícola de la región de Cuyo.
Se encuentra en la provincia de Mendoza, dentro del departamento de Luján de Cuyo, y es uno de los destinos más elegidos para escapadas cortas con aire sofisticado.
Desde la capital provincial, Ciudad de Mendoza, la distancia es de aproximadamente 15 kilómetros. Se puede llegar fácilmente en auto a través de la Ruta Provincial 82 o por accesos urbanos que conectan de manera directa con esta zona residencial y turística.
Su ubicación privilegiada permite combinar la visita con otros destinos cercanos como Luján de Cuyo, Maipú y el circuito de montaña que conduce hacia Potrerillos, ampliando la experiencia con propuestas variadas.
La geografía que más se destaca es su carácter de tierra vitivinícola. Los viñedos forman parte del paisaje cotidiano y conviven con acequias, fincas y una vegetación que aporta frescura incluso en los meses más cálidos.
Viñedos, acequias y vegetación definen el paisaje de una zona marcada por la tradición del vino.
Uno de los grandes atractivos es la posibilidad de visitar bodegas y conocer el paso a paso de la producción del vino, desde la vid hasta la copa. Estas experiencias permiten descubrir procesos, degustar varietales y entender por qué Mendoza es sinónimo de buen vino.
La gastronomía acompaña con una oferta diversa que va desde cocina de autor hasta propuestas regionales, donde los productos locales y los maridajes con vinos mendocinos son protagonistas.
Degustaciones, paseos tranquilos y experiencias gastronómicas para disfrutar sin apuros.
Las postales de montaña completan el escenario: la cercanía con la cordillera de los Andes regala vistas imponentes, atardeceres únicos y un entorno natural que invita a bajar el ritmo.
Otro sello distintivo son sus calles arboladas, ideales para caminar sin apuro, recorrer ferias, cafés y tiendas boutique que refuerzan su atmósfera relajada.
Un lugar donde el tiempo parece avanzar más lento y cada detalle suma a la experiencia.
La cultura también tiene su espacio, con museos, centros culturales y propuestas artísticas que permiten conocer la historia local, las tradiciones y la identidad que se fue construyendo a lo largo de los años.
Exposiciones, muestras temporales y actividades vinculadas al arte y la música suman valor a la experiencia y completan el recorrido más allá de la naturaleza y la gastronomía.
La cultura local se expresa en museos, espacios artísticos y propuestas que conectan con la historia y la identidad del lugar.
Elegir este destino es apostar por una escapada equilibrada, donde el vino y la buena mesa se combinan con paisajes abiertos, calles arboladas y un ritmo de vida más sereno.
Todo ocurre a pocos minutos de la ciudad, lo que lo convierte en una opción ideal para descansar, desconectar y disfrutar sin necesidad de realizar grandes traslados.
Atardeceres entre viñas y montaña que invitan a quedarse un día más.

