La mayoría de ustedes pensaron en la dicha de existir, de haber llegado al mundo bajo el cuidado de sus padres, grata compañía de hermanos, familiares, amigos de infancia, compañeros de travesuras. Debemos agradecer a Dios por existir y tener la satisfacción de compartir los momentos de bienestar, alegría de quienes nos han acompañado en momentos de complacencia, felicidad, así como en otros donde la pena, dolor propio o ajenos nos constriñen el alma.
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