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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- Martí Nadal recuerda que han girado “como una peonza por diferentes enclaves”, pero se muestra contento de este lugar: “No es el paseo de Gràcia, pero está bien; además, aquí se celebró durante mucho de tiempo la Setmana del Llibre en Català”.
Tocando a Fontanella, confluyen varios vectores. Por una parte, las colas que se alargan desde la plaza Catalunya en el lado del Hard Rock Café, que esperan la firma del superventas Javier Castillo con un ejemplar de El susurro del fuego(Suma), o de la extremeña Inma Rubiales conNuestro lugar en el mundo (Planeta de Libros).
El segundo vector es un joven cantautor, Javi Still, que tiene mucho público y es aplaudido entusiastamente. “Es un compañero de la residencia de estudiantes que todavía no es famoso, pero lo será”, asegura una pareja de espectadores.
En el Portal de l'Àngel
Hace vientecito y el termómetro de Can Cotet debe de marcar unos veinte grados, pero a pleno sol no se ve
El tercer vector es una protesta con silbatos muy ruidosos del personal de lo que denominan “el escudo social” de Barcelona. Es decir, bibliotecas, servicios sociales, atención a la infancia y atención a la ciudadanía. “Exigimos más recursos y que se respeten los derechos laborales que nos están recortando”, declara a La Vanguardia una de las manifestantes.
Como cuarto vector, flotando por encima de los aplausos del cantautor estudiante y de los pitos de protesta, está el plató de Betevé, donde hacen lo que pueden en medio de tanto jaleo.
Visto el panorama, la peatón, que pasea con un par de acompañantes, se zambulle en el Portal de l'Àngel a la hora que el termómetro de Can Cotet debe de marcar 20 grados, pero que a pleno sol no se ven las marcas. A pleno sol, sí, pero con un vientecito que esparce todavía más el polen, por lo que hay más de uno que ha recuperado la mascarilla pandémica.
A primera hora, la imagen del Portal de l'Àngel era desangelada: poca gente y pocas paradas y, para colmo, la mayoría eran de rosas y no de libros. Rosas de todo tipo, algunas con “perfume eterno”, y no hay que preocuparse si no se lleva efectivo, se puede pagar con tarjeta y con bizum: “No hay excusa”.
Las rosas son de ropa, de papel, de cristal, de madera e incluso de cuero. Estas las vende Núria Clotet en uno de los puestos de la Fira d'Artesans, que está instalada durante buena parte del año en este lado de la vía junto a la plaza Catalunya, y que son asignadas a los artesanos en turnos de dos semanas.
La desangelación se ha ido disipando porque, tal como ha ido avanzando el día, toda Barcelona se ha llenado, con puestos o sin, incluso en los trozos de aceras abiertas de la Rambla, donde iban a parar los más despistados.
Además de paradas de rosas y de libros, hay también de un colectivo marxista y la del Pacma, el partido animalista. A la altura del antiguo Can Jorba hay una firmante que tiene una cola que se alarga casi hasta donde había estado el cine París. Es la psicóloga Elizabeth Clapés, que firma Así se como lo verás mañana (Montena).
Cuando la paseante llega a la calle Arcs, que forma un ángulo recto, prácticamente no hay casetas, de manera que este paso estrecho, que equivaldría al cuello de botella de la iglesia de Betlem en la Rambla, permite la circulación cómoda de los visitantes.
Allí mismo ha plantado el puesto la Editorial Virus. “Aquí estamos un poco escondidos, lejos de las entradas de Fontanella y de Via Laietana”, considera Miguel Martín, que sin embargo espera que el día sea bueno.
En la plaza Nova, junto a la catedral, está la Editorial Alpina, donde el vientecito ha hecho caer un mapa de Catalunya que preside el puesto. Martí Nadal recuerda que han girado “como una peonza por diferentes enclaves”, pero se muestra contento de este lugar: “No es el paseo de Gràcia, pero está bien; además, aquí se celebró durante mucho de tiempo la Setmana del Llibre en Català”.
También recuerdan esta feria dos de los editores de Cap de Brot, Judit Pujol y Germán Bartolomé, emplazados ante la catedral. “Este año estamos más contentos, porque el año pasado estábamos en Universitat y todo el mundo iba de retiro, con prisa. Aquí, la gente se detiene”.
El ambiente de la avenida Catedral es muy distinto del del Portal de l'Àngel: más puestos de libros y más apiñados. Quizá es que por Sant Jordi, si no nos apiñamos y notamos el calor humano, la fiesta no es tal.
Redactor de Cultura y coordinador de los libros de estilo de las ediciones en castellano y en catalán del diario. Profesor asociado de la UPF y miembro de la Secció Filològica del IEC




