Cortex AI Analítica
"Análisis de relevancia para la actualidad."
- El tercer intento de asesinato de Donald Trump confirma que la violencia política en Estados Unidos se normaliza.
Trump exhorta a sus fieles a que luchen después de sufrir un atentado durante un mitin en Butler (Pensilvania) en la campaña del 2024 Evan Vucci / Ap-LaPresse
La raíz de esta violencia, sin embargo, no es política, sino racista. Trump es presidente porque los blancos van camino de perder la hegemonía racial y los más radicales se han unido para impedir lo inevitable. Esta tendencia demográfica, que será realidad antes de una década, ha provocado la reacción política de la extrema derecha, que se acelera gracias al enorme poder desestabilizador de las redes sociales.
La espiral de violencia es innegable desde el asalto al Capitolio de las hordas trumpistas y supremacistas el 6 de enero del 2021. Nueve persones murieron a raíz de aquel ataque que dejó a 150 policías heridos.
Las amenazas a los congresistas, tanto demócratas como republicanos, se han disparado.
El activista ulraconservador Charlie Kirk fue asesinado igual que una congresista demócrata y su marido en Minnesota. La residencia del gobernador demócrata de Pensilvania ha sido atacada y lo mismo que la de la expresidenta del Congreso, la demócrata Nancy Pelosi.
La proliferación de armas y el odio que propagan las redes sociales favorecen esta violencia.
Robert Pape, politólogo de la Universidad de Chicago, uno de los grandes expertos en violencia política, tiene muy claro que vivimos en “la era del populismo violento”.
Casi la mitad de los estadounidenses están a favor de deshacerse de Trump por la fuerza
Sus estudios no dejan lugar a dudas. El 39% de los demócratas y el 16% de los independientes justifican el uso de la fuerza para acabar con Trump. Es casi la mitad de los estadounidenses. Del mismo modo, el 24% de los republicanos y el 10% de los independientes justifican que Trump utilice las fuerzas armadas para reprimir las manifestaciones de la oposición.
La violencia forma parte del mundo de Trump. No solo por un lenguaje en el que proliferan los insultos y las amenazas apocalípticas, sino también por los hechos, como lo demuestra la persecución de los inmigrantes por parte de ICE, una fuerza paramilitar que ha causado estragos en la convivencia de muchas comunidades, además de la muerte de dos estadounidenses.
La violencia es un componente fundamental del fascismo, que la provoca sembrando el caos y la confusión con todo tipo de consignas y demostraciones de fuerza. Trump sigue esta estrategia.
El presidente ha amenazado con encarcelar a sus rivales políticos, ha deshumanizado a los inmigrantes, de los que ha llegado a decir que se comen a los animales de compañía, y ha sugerido que no van a haber más elecciones presidenciales. Asimismo, cada día, a través de su red social, envía decenas mensajes e imágenes incendiarios. Para él, mucho más que para cualquier gobernante, la palabra y la imagen son armas ofensivas.
Trump, gran aficionado a las artes marciales mixtas, cree en la fuerza y se crece con ella. “Luchad, luchad, luchad”, manifestó hace dos años desde el estrado del mitin en Butler, con la cara ensangrentada porque una bala le había rozado la oreja. La muerte le pasó muy cerca, pero se levantó y con el puño en alto animó al combate. La fotografía de aquel gesto es icónica y, trasladada a un lienzo, luce hoy en la Casa Blanca como ejemplo de heroísmo.
Ayer no hubo imagen icónica en la sala del hotel Hilton de Washington donde se celebraba la gana anual de los periodistas acreditados en la Casa Blanca. El pistolero disparó contra un agente en el perímetro de seguridad que rodeaba el evento y fue detenido.
Trump fue evacuado sin más consecuencias y devuelto a la Casa Blanca, donde compareció, de smoking, en la sala de prensa, para decir que nadie le había advertido que la profesión de presidente era tan peligrosa. Se comparó con un piloto de carreras y con un vaquero en un rodeo. Trazó líneas argumentales para emparejarse con Abraham Lincoln, el presidente que abolió la esclavitud, ganó la guerra civil y fue asesinado en el teatro Ford de Washington en 1865.
Sobrevivir a un tercer intento de asesinato refuerza su imagen y su presidencia. El relato está en marcha para obtener un rédito político. en el contexto actual le será más fácil justificar medidas preventivas contra sus adversarios, medidas que irán desde el despliegue masivo de las fuerzas de seguridad a la prohibición de celebrar concentraciones políticas.
La incógnita sobre las elecciones de noviembre es hoy más preponderante que ayer. El entorno del presidente ha manifestado más de una vez que los comicios no deberían celebrarse si se considera que no se dan las condiciones adecuadas, evaluación de riesgos que corresponde hacer al poder ejecutivo. Un clima de violencia como el actual es el marco adecuado para determinar que no se puede votar.
Trump dice que es un realista y que, por lo tanto, la fuerza manda sobre los ideales. Al papa León XIV lo ha acusado de ser un débil por defender la diplomacia frente a la guerra y algo muy similar ha dicho de sus aliados europeos.
Sin embargo, todo lo que se sostiene por la fuerza cae por el propio peso de la fuerza. Solo lo que se sostiene con el diálogo permanece.
Trump llamó ayer a “resolver nuestras diferencias pacíficamente”. Si realmente lo cree, debería reunir a sus principales adversarios, como Kamala Harris, el gobernador de California, Gavin Newsom, el senador Bernie Sanders y otros destacados congresistas demócratas, y decirles que la Casa Blanca renuncia a la fuerza como una legítima estrategia política.
Corresponsal diplomático de La Vanguardia. Ha cubierto los principales acontecimientos internacionales desde la caída del muro de Berlín y numerosos conflictos en especial en Oriente Próximo. Como corresponsal en EE. UU. fue testigo del 11-S




