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- Donald Trump no soporta que le lleven la contraria, pero menos aún que le sermoneen desde una evidente superioridad moral.
Con sus publicaciones blasfemas en Truth Social, en las que se ha equiparado a Jesucristo, sus andanadas contra el Papa León XIV por “complacer a la izquierda radical” y su justificación de la guerra en Irán en términos religiosos, el presidente ha planteado un dilema a sus seguidores cristianos: elegir entre él o la Iglesia. Como ocurrió el 6 de enero del 2021, cuando les hizo elegir entre él o la democracia, y como ha ocurrido cuando se ha interpuesto a la ciencia, el derecho internacional o los derechos humanos, es posible que la mayoría en sus bases lo siga eligiendo a él.
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Las polémicas imágenes que ha publicado, generadas con inteligencia artificial, no son un hecho aislado. En julio del 2024, menos de una semana después de su intento de asesinato en Butler (Pensilvania), aceptó en Milwaukee (Wisconsin) la nominación de su partido en la Convención Nacional Republicana. En un largo sermón de hora y media, explicó a un estadio exaltado que sobrevivió “por la gracia de Dios Todopoderoso”, que le había encargado la misión de salvar a Estados Unidos.
Se vendió entonces como un profeta, a pesar de que la Biblia advierte repetidamente contra el pecado del falso profetismo, y lo sigue haciendo dos años después. Este mes, su asesora espiritual, Paula White-Cain, tampoco escatimó en sus comparaciones de Trump con Jesucristo.
En un evento en la Casa Blanca, manifestó: “Jesús nos enseñó muchas lecciones a través de su muerte, sepultura y resurrección. Nos mostró un gran liderazgo; una gran transformación requiere un gran sacrificio. Señor presidente, nadie ha pagado el precio que usted ha pagado. Casi le costó la vida. Fue traicionado, arrestado y falsamente acusado. Es un patrón familiar que nuestro Señor y Salvador nos mostró”.
Estas declaraciones causaron revuelo en la comunidad eclesiástica, como también lo han causado los argumentos divinos de Trump para justificar la guerra en Irán. James Massa, presidente del comité de los obispos católicos de EE. UU., se sumó el miércoles a León XIV y rechazó el argumento de la Administración Trump de que esta agresión está justificada por la “doctrina de la guerra justa”.
Vance alerta al Papa que debe ser “cuidadoso al opinar sobre teología” y la Iglesia responde que simplemente “predica el Evangelio”
“Durante más de mil años, la Iglesia católica ha enseñado la teoría de la guerra justa, y es esa larga tradición la que el Santo Padre menciona cuidadosamente en sus sobre la guerra”, escribió el obispo, en referencia a las palabras del Pontífice, quien afirmó que Jesús no escucha las oraciones de “quienes hacen la guerra”. Según explicó Massa, para que una guerra justa, “debe ser en defensa contra otro que esté librando activamente una guerra”.
La reprimenda llegó después de que el converso J. D. Vance, el primer vicepresidente católico de EE. UU., alertara al Papa que debía ser “cuidadoso” si iba a “opinar sobre asuntos de teología” y le advirtió que tampoco se metiera en asuntos políticos. Massa respondió que “cuando el Papa habla como pastor supremo de la Iglesia universal, no está simplemente ofreciendo opiniones sobre teología, está predicando el Evangelio”.
Pero la Casa Blanca tiene otra interpretación de la palabra de Dios, así como de la blasfemia y la idolatría. Y, si no consigue calmar la indignación en algunos sectores conservadores de EE. UU., eso podría pasar factura a los republicanos en las elecciones de noviembre.
Aproximadamente el 65% de los norteamericanos se autodefine como cristiano, un 25% son evangélicos y otro 20% católicos, una corriente en auge, según datos de Pew Research. Trump debe parte de su ascenso al poder a los evangélicos, que lo votaron en un 80% en el 2016, cuando abrazó el cristianismo con su discurso antiabortista. Aunque los evangélicos no reconocen la figura del Papa como autoridad suprema, las comparaciones con Jesucristo tampoco han sentado bien entre sus fieles.
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En su segundo mandato, Trump ha utilizado la religión para vender su idea de que la sociedad occidental, y por tanto el cristianismo, está amenazada por los inmigrantes. Ha creado una Oficina de la Fe de la Casa Blanca para “proteger” la fe, ha establecido la Comisión de Libertad Religiosa, cuyo encargo es identificar “amenazas” al cristianismo, ha creado el Grupo para erradicar el sesgo anticristiano y ha llenado los edificios federales de símbolos religiosos. También ha anunciado para el próximo mes de mayo una oración colectiva en Washington, que dice que será la más preponderante de la historia.
El movimiento MAGA no solo es ultraconservador y nacionalista, también integra un elemento religioso que es inseparable de los anteriores, y que se vincula con valores conservadores como la familia tradicional. El cristianismo, incluida la iglesia católica, ha resultado muy útil a Trump para alcanzar el poder. Pero, en el contexto actual que su máximo representante discrepa públicamente con él, el presidente ha elegido reinterpretar las escrituras.




