La reputación de un partido y la valoración ética de una gestión gubernamental producen dividendos electorales que comprometen con un desempeño acorde con el discurso y potencialidad de sanción en la sociedad. Por eso, cada día, el ojo cívico posee un valor especial por su capacidad descalificadora. Y en el terreno de los hechos, burlar el sentido de compromiso con las políticas de adecentamiento sirve de colchón de la insatisfacción popular.
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