La eterna "lucha" entre el trabajador y la empresa. Ambos siempre piden más y ambos buscan "compensar". Es el caso de Sylvia, de 56 años, que lleva casi una década en la misma empresa, y no es aislado. Desde hace más de un año, reconoce que se lleva comida de la nevera de la oficina para cenar en casa. "Es mi forma de devolvérsela a mis jefes", admite. No lo vive como un robo, sino como una compensación silenciosa tras años sin subida salarial y con el coste de la vida disparado.


