Por Néstor J. Saldívar
Esa frase, breve y contundente, se ha convertido en una experiencia cada vez más común para miles de solicitantes en países como la República Dominicana. Para muchos, la negación llega como una sorpresa. Para otros, como una injusticia. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la negativa no responde a mala suerte, sino a un profundo desconocimiento de cómo ha cambiado el sistema migratorio estadounidense y de qué es lo que realmente evalúan hoy los consulados.
Uno de los errores más frecuentes es creer que el proceso sigue funcionando como antes. Durante años, muchas personas pensaron que llevar un folder lleno de documentos era suficiente para impresionar al cónsul. Hoy ocurre lo contrario. Los funcionarios consulares están plenamente conscientes de la existencia de fraudes, documentos fabricados y narrativas ensayadas. Por eso, el peso de la decisión se ha desplazado hacia la entrevista.
La entrevista consular es el momento decisivo. En pocos minutos, el oficial observa lo que el solicitante dice y también cómo lo dice. Analiza la seguridad al responder, los gestos, los silencios, el titubeo y, sobre todo, la coherencia entre las respuestas y la información previamente declarada en el formulario DS-160. Ese formulario no es un simple requisito administrativo. Es parte integral de la evaluación.
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Aquí surge uno de los grandes problemas. Muchas personas no revisan su formulario, lo delegan por completo en terceros o no comprenden que cualquier inconsistencia entre lo escrito y lo dicho genera dudas. En materia migratoria, la duda rara vez beneficia al solicitante.
Además, existe un principio legal que muchos desconocen. Todo solicitante de visa de turista parte de una presunción clara. El cónsul asume que la persona quiere quedarse en Estados Unidos. La entrevista no busca confirmar simpatía ni necesidad, sino evaluar si el solicitante logra derribar esa presunción con hechos concretos. Arraigo, estabilidad laboral, vínculos familiares y proyectos claros en el país de origen son elementos clave en ese análisis.
Otro factor determinante es la narrativa. La visa de turista no es una visa para trabajar, ni para quedarse, ni para explorar oportunidades migratorias. Es un permiso limitado para actividades específicas y temporales. Cuando una persona va al consulado con una intención distinta, aunque no la exprese abiertamente, suele transmitirlo en su discurso y en su actitud.
La mentira es, sin duda, uno de los errores más graves. Mentir sobre familiares en Estados Unidos, sobre historial laboral o sobre situaciones personales, incrementa las probabilidades de negación inmediata y puede acarrear consecuencias permanentes. El sistema migratorio estadounidense penaliza severamente la falta de veracidad. La verdad, bien presentada y contextualizada, siempre ofrece mejores resultados que una historia fabricada.
También es común que se sobrevaloren ciertos elementos. Tener dinero en el banco o propiedades no garantiza una aprobación. Lo que realmente pesa es la consistencia del arraigo. Un empleo estable en el tiempo, responsabilidades familiares claras, proyectos en marcha y una vida organizada fuera de Estados Unidos suelen ser más relevantes que cifras aisladas.
Todo esto exige un cambio de mentalidad. Solicitar una visa hoy no es un acto improvisado. Requiere preparación, análisis y estrategia. Implica entender cómo piensa el oficial consular, qué está evaluando y qué señales busca. Ir a una entrevista sin preparación, con la idea de “ver qué pasa”, es una de las razones más frecuentes detrás de la frase “su visa ha sido negada”.
Este enfoque no aplica únicamente a las visas de turista. Responde a una lógica más amplia del sistema migratorio estadounidense. Ya sea una visa temporal o una residencia permanente, la pregunta de fondo es siempre la misma. Qué gana Estados Unidos con esta persona entrando o permaneciendo legalmente en el país.
El momento actual no debe verse solo como una etapa de restricciones, sino como una etapa de definiciones. Estados Unidos sigue necesitando visitantes, estudiantes y profesionales extranjeros. Pero los quiere en regla, bien definidos y alineados con sus intereses.
La visa americana no se ruega. La visa americana se entiende, se prepara y se solicita con responsabilidad. Quien comprenda esto tendrá muchas más probabilidades de no volver a escuchar esas cinco palabras que nadie quiere leer ni oír: “su visa ha sido negada”.
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