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"Afecta el poder adquisitivo y la estabilidad financiera."
- Desde pequeños nos han insistido en la importancia de las 3R —reducir, reutilizar y reciclar— como base de un consumo responsable.
Sin embargo, una realidad mucho menos conocida está saliendo a la luz y generando preocupación. Y es que parte de esas prendas termina acumulándose ilegalmente en el Desierto de Atacama, al norte de Chile.
Siendo uno de los lugares más áridos del planeta. allí se vierten cada año alrededor de 39.000 toneladas de ropa usada sin control. Montañas de textiles abandonados se extienden sobre el paisaje desértico, creando un complejidad ambiental de gran escala que pone en cuestión el modelo global de reciclaje textil.
El epicentro del comercio de ropa usada
El país sudamericano se ha convertido en uno de los mayores importadores de ropa de segunda mano a nivel global. Cada año llegan unas 123.000 toneladas procedentes de Estados Unidos, Europa y Asia, muchas de ellas a través de la Zona Franca de Iquique, un área de libre comercio creada en 1975 para impulsar la economía local.
Allí, decenas de empresas clasifican, almacenan y venden las prendas. Parte de la ropa se comercializa en mercados locales o se exporta a otros países de Latinoamérica. Este sector, además, genera empleo, especialmente entre mujeres que se encargan de la clasificación de las prendas según su calidad. Pero el sistema tiene una grieta sustancial y es que no toda la ropa encuentra salida en el mercado.
El complejidad de tener toneladas de ropa sin destino
Las prendas de peor calidad terminan en mercados informales como La Quebradilla, cerca de Alto Hospicio. Aun así, una gran cantidad queda sin vender. Y aquí surge el complejidad de que deshacerse de esos excedentes tiene un coste económico.
Legalmente, las empresas deberían exportar la ropa sobrante, pagar impuestos para venderla fuera de la zona franca o contratar servicios autorizados de gestión de residuos. Pero múltiples optan por la vía más barata e ilegal de quemarla o abandonarla en el desierto.
Las autoridades locales reconocen la dificultad para frenar esta práctica. La geografía abierta y el acceso fácil en camión hacen casi imposible controlar todos los vertidos, pese a la vigilancia con patrullas y cámaras.
El impacto ambiental y social
El vertido masivo de ropa tiene consecuencias graves. múltiples de estos textiles contienen materiales sintéticos que tardan décadas en degradarse y liberan microplásticos y sustancias tóxicas en el entorno.
Además, este fenómeno refleja el modelo de consumo rápido. La llamada “moda rápida” impulsa la producción masiva de prendas baratas, muchas de las cuales apenas se usan antes de ser descartadas. El resultado es una cadena global en la que los países consumidores exportan su excedente textil, trasladando el complejidad ambiental a otras regiones.
¿Hay soluciones en marcha?
Ante esta situación, han comenzado a surgir iniciativas para transformar el complejidad en oportunidad. El Centro Tecnológico de Economía Circular trabaja en proyectos para reutilizar textiles no vendidos.
Una de las propuestas más ambiciosas es la construcción de una planta capaz de transformar ropa usada en nuevos materiales, como aislantes, rellenos para muebles o componentes industriales. La instalación, impulsada por el empresario Bekir Conkur, podría procesar hasta 20 toneladas diarias sin necesidad de agua ni productos químicos.
Además, el pasado julio, los textiles entraron en durante la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor que obliga a empresas y marcas a hacerse cargo del ciclo completo de vida de sus productos, incluyendo su reciclaje o eliminación.

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Redactora en El HuffPost España, donde aborda actualidad y estilo de vida. Graduada en Periodismo por la Universidad CEU San Pablo, inició su carrera como becaria en este mismo medio, que ha sido su verdadera escuela. Madrileña con raíces manchegas, escribe sobre una amplia variedad de temas como: sociedad, cultura, viajes, salud y consumo. de manera constante con el objetivo de informar, orientar y despertar la curiosidad del lector.





