
A Inquietudes Diplomáticas
¿Cuándo puede considerarse que el vocablo Diplomacia es utilizado con los requeridos fundamentos, y en qué escenarios y circunstancias su uso es apropiado?
Diplomacia es un término utilizado frecuentemente en diferentes escenarios con diversas acepciones. No obstante, su uso más apropiado, de conformidad con los respectivos fundamentos, y la consistencia que demanda su ejercicio, es el que corresponde al campo del Derecho internacional, y al de las Relaciones Internacionales.
La Diplomacia (como método), es el medio de que se vale la política exterior de cualquier Estado soberano “para la realización de sus planes y la consecución de sus objetivos”.
Estos, necesariamente deben tener lugar por medios pacíficos, es decir, a través de efectivas negociaciones de diverso carácter, con el claro propósito de promover y salvaguardar los intereses de la respectiva nación, y preservar su seguridad e influencia.
Como instrumento de la acción diplomática, la negociación se ha convertido en el medio diferenciador “que caracteriza a la Diplomacia como distinta de otros medios de acción exterior”, como podría ser el uso de la fuerza.
Por ello, el vocablo negociación, común a todo tipo de acción humana, adquiere en el ámbito de la Diplomacia un contenido específico. Consecuentemente, se puede asegurar que la negociación es el “procedimiento diplomático por antonomasia” (Martínez Lage).
Procede precisar, que las relaciones diplomáticas han tenido lugar, históricamente, solo entre Estados, a través de los órganos de las relaciones exteriores que consigna el Derecho internacional.
Tales relaciones hoy también son posibles, entre estos y otros sujetos de Derecho internacional con capacidad para ello (como son los Organismos Internacionales). Para determinados tratadistas, dichas relaciones también podrían tener lugar entre estos otros sujetos .
Con el propósito de lograr mayor efectividad en sus acciones, la Diplomacia se ha convertido en “una acción mancomunada” de diferentes modalidades de ejecución, y subtipos de la propia Diplomacia, integradas en un tronco común, teniéndose en cuenta en su ejecución el principio de unidad de acción exterior del Estado.
Un eficiente, y apropiado, ejercicio de la Diplomacia, además de consistentes conocimientos constantemente actualizados, implica poseer bien fundamentadas habilidades, que deben cultivarse en el correcto ejercicio diplomático, y que requieren “la acumulación de una experiencia relevante” en la aplicación “de la inteligencia y el tacto en la conducción de las relaciones entre los Estados”.
En el orden práctico, la calificación de solución diplomática de un problema se refiere a aquella que se hace sin apelar “a las armas, a presiones económicas, a la violencia o la amenaza”.
La palabra Diplomacia denota también un estilo de comportamiento. Se puede asegurar que una persona, una acción o expresión son diplomáticas cuando involucran, la habilidad y tacto, o asimismo, el trato digno y respetuoso (“pero a la vez firme”, cuando las circunstancias lo requieran) que debe caracterizar el comportamiento profesional del diplomático contemporáneo .
Inequívocamente “la Diplomacia organizada” es el único medio capaz de garantizar una representación permanente del Estado en el exterior (De Icaza). Por tal razón, puede asegurar la continua y efectiva atención de los respectivos intereses nacionales.

