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- Salir de la rutina, conocer nuevas culturas y tachar destinos en el mapa se ha convertido en una auténtica prioridad para gran parte de la sociedad.
Sin embargo, la realidad a 30.000 pies de altura no es tan perfecta ni tan turística como parece. Ramón Vallès, un experimentado comandante que divulga sobre los entresijos de la aviación a través de su canal de YouTube, ha querido hablar sin tapujos sobre el gran peaje oculto de su industria: el agotamiento extremo.
En uno de sus últimos vídeos, Vallès profundiza sobre la necesidad vital de evitar a toda costa el cansancio físico y mental en la cabina. “Las personas que tienen un trabajo convencional en cuanto a horarios y dedicación, pues no tienen ningún tipo de alteración sobre el sueño”, señala, marcando una clara diferencia con su día a día.
El aviador explica las durísimas circunstancias fisiológicas a las que se enfrenta una tripulación de forma constante. “Los pilotos que realizamos vuelos de larga distancia, de alguna manera estamos sometidos permanentemente a cambios de horarios, cambios climáticos, cambios en los horarios alimenticios. En fin, una serie de alteraciones de que, sin duda alguna, y os lo digo por experiencia, el cuerpo se resiente”, complementa.
La importancia de escuchar al cuerpo
La exposición continuada a este cóctel de factores puede traducirse rápidamente en un agotamiento peligroso. “Lo primero que hay que intentar por todos los medios es evitar llegar a un estado de lo que sería fatiga. Porque la fatiga es uno de los peores enemigos del piloto. Por lo tanto, recae en el piloto especialmente la gestión del descanso”, agrega.
Para sortear este peligro invisible, el comandante tiene una máxima innegociable: escuchar de manera constante al cuerpo. “Cuando el cuerpo necesita descanso y da muestras claras de cansancio, llevarle la contraria al cuerpo no es precisamente lo más recomendable”, apunta.
A la hora de gestionar los viajes transoceánicos, Vallès intenta buscar de manera constante una estrategia de equilibrio para engañar al jet lag. Por ejemplo, cuando vuela desde España hasta Estados Unidos, intenta aguantar despierto en el hotel "un poquito, hasta las cinco o las seis de la tarde como mucho, y luego ya me meto directo a la cama", ejemplifica.
Sin embargo, aclara que si su cuerpo dice "basta", no hay reloj que valga. Si siente un sueño paralizante, cierra las persianas y duerme profundamente, aunque en la ciudad de destino sea a plena luz del día. Para un piloto, ese descanso no es un capricho de hotel, sino la herramienta vital e innegociable para poder garantizar la máxima seguridad en el vuelo de vuelta.

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Nacido en Bogotá, Colombia. Redactor del HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Pontificia Universidad Javeriana y Máster de Marketing Deportivo de la Escuela Universitaria Real Madrid. Ha trabajado en varios medios deportivos como Gol Caracol, Vavel Colombia y La Nueva Tendencia. En el HuffPost escribe sobre distintas temáticas relacionadas con los ámbitos de sociedad, salud e internacional.









