Lo que menos debía ocurrir es que en corte alguna del sistema de justicia dominicano prosperen demandas dirigidas a mutilar con extracción de espacios áreas protegidas llamadas a permanecer intransigentemente fuera del alcance de ambiciones particulares como acaba de intentarse por sentencia del Tribunal Superior Administrativo. Triunfó extrañamente contra la integridad del Parque Nacional Jaragua de un recurso privado con fines de lucro para la ocupación parcial de un territorio preciosamente virgen que contiene especies de flora y fauna sobre 1,374 kilómetros cuadrados cuya extinción debe ser evitada con medios legales.
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