
Este patrón de fragmentación es funcional al modelo neoliberal porque impide construir una mayoría programática estable capaz de disputarlo. Sin partidos consistentes y sin lealtades duraderas, la política se organiza por escándalos y vetos; y así, lo estructural queda fuera de la agenda o se decide por inercia tecnocrática. El modelo no se sostiene por consenso, se sostiene por ausencia de una coalición capaz de reemplazarlo.

