El mismo año de la primera edición de El mar, el mar (1978), de Iris Murdoch, Viking Press publica la tercera novela de Mollie Kaye, Pabellones lejanos. Con demasiada frecuencia, y sin la menor razón, se acostumbra a subestimar al escritor de género en beneficio de aquel que no ha querido encerrarse en modelo alguno, como si la calidad de un artista dependiese del tema y no de su dominio del lenguaje, como si escribir bien una carga de los lanceros de Bengala fuese menos meritorio que escribir bien el cargo de conciencia de un ser atribulado. En vertical se encuentra el fiel de la balanza que mide el valor artístico del realismo historicista epigonal de Kaye y de la posmodernidad reformuladora y filosófica de Murdoch, esto es, Murdoch y Kaye se sientan juntas en el parnaso.
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