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- Andrey Bykov se negó a entregar los dos millones de rublos que recibió como compensación por haber resultado herido a sus superiores, que usaban los nombres en clave Kemer y Dudka.
Los soldados rusos también deben comprar alcohol a los oficiales. “Tienen cuatro fiestas de empresa a la semana”, cuenta Serguéi, que se las apañó para sobornar y conseguir un puesto en la retaguardia como cocinero. Trabaja de cinco de la mañana a once de la noche, y paga más de la mitad de su salario a un comandante por ese privilegio.
Las entrevistas con una docena de soldados contratados en lugares como la región de Bélgorod, Luhansk y Donetsk revelan un sistema de extorsión y castigos. Los oficiales ven a sus soldados no solo como simples tropas, sino también como una fuente de enriquecimiento. La corrupción y el trabajo forzado han sido durante mucho tiempo características tanto del ejército ruso como del soviético: los oficiales profesionales controlan los medios de destrucción, mientras que los reclutas sirven como carne de cañón en la guerra o como mano de obra gratuita en tiempos de paz.
Para los soldados rusos en Ucrania, todo tiene un precio: el equipo, las medallas, los permisos e incluso la propia vida
La campaña de reclutamiento de Rusia para su guerra en Ucrania ha inyectado sangre y dinero en el sistema, dando lugar a una vasta economía de guerra. Los soldados describen el frente como un mercado en el que todo tiene un precio: los drones, las medallas, los permisos para regresar a casa e incluso la propia vida. Para respaldar sus afirmaciones, muestran capturas de pantalla de transferencias bancarias, quejas a los fiscales militares, demandas de dinero y órdenes de participar en asaltos.
Maxim, un joven de 26 años de la ciudad de Krasnodar, firmó su contrato en agosto de 2024 en Moscú, donde las primas eran más altas. Expone varios motivos: la propaganda del gobierno, la muerte de su padrastro en la guerra. “Algo se me rompió en la cabeza”, asegura. “Ni siquiera sabía que el contrato era indefinido”. Probablemente influyó el hecho de que había sido detenido con anfetaminas en el bolsillo y le ofrecieron alistarse para evitar una condena. Recibió una bonificación de 2,5 millones de rublos (unos 30.000 dólares) y lo enviaron sin formación a la región de Luhansk, donde cobraba 200.000 rublos al mes hasta que desertó en enero de 2026. De los 8 millones de rublos que recibió en total, asegura que 6 millones se le fueron en equipo y sobornos.
El ejército ruso proporciona equipamiento a las unidades de élite aerotransportadas y de fuerzas especiales, pero la infantería debe comprar el suyo propio. Desde 2023, Wildberries y Ozon, los principales comercios online rusos, están disponibles en las regiones ocupadas de Donetsk, Luhansk, Zaporiyia y Jersón. “Si no quieres gastarte dinero en unas buenas botas y un chaleco antibalas decente, vas al asalto con zapatillas deportivas”, afirma Maxim.
Retratos de soldados rusos, participantes de la campaña rusa en Ucrania, en una exposición callejera en San Petersburgo Dmitri Lovetsky / Ap-LaPresse
Las colectas empiezan con el pretexto de recaudar dinero para drones, material o comida, cuenta Anton, un soldado de asalto. Pero si pagas una vez, “estarás pagando de manera constante para que no te manden a la picadora”. El muro de drones de Ucrania ha creado una zona letal de al menos 20 kilómetros de profundidad, lo que convierte los asaltos masivos en suicidas. También ha dado lugar a una economía de vida o muerte.
Maxim cuenta que su comandante recibió a los nuevos reclutas diciéndoles que había enterrado a 12 compañías y que ellos serían la número 13. “manifestó que éramos carne de cañón y que solo el 5% de los soldados sobrevive a los asaltos”. Al día siguiente, explicó que la supervivencia no era cuestión de suerte, sino de poder pagar. Maxim y Serguéi, otro soldado, pagaron cada uno un millón de rublos para ser trasladados a la retaguardia, además de otros 100.000-150.000 rublos al mes.
Algunos mandos requisaron las tarjetas bancarias y los códigos PIN de los soldados antes de enviarlos al asalto. Ilya, otro desertor, cuenta que un oficial de la plana mayor las recoge para mantenerlas a buen recaudo. A los muertos se les declara desaparecidos y los mandos retiran el dinero que han ganado de sus cuentas bancarias en cajeros automáticos de Donetsk y Luhansk. Hay un lucrativo negocio con documentos médicos que certifican que los soldados no están aptos para el combate. Resultar herido tampoco sale gratis. “Pagué 100.000 por un permiso tras una herida”, explica Anton. “Para que te den la baja piden un millón”.
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Los soldados que se niegan a pagar pueden ser arrojados a fosas excavadas donde son torturados. Andrey Bykov se negó a entregar los dos millones de rublos que recibió como compensación por haber resultado herido a sus superiores, que usaban los nombres en clave Kemer y Dudka. Según su madre, primero le esposaron y le pegaron durante varios días. Más tarde, lo ataron a un árbol y le dispararon. Los soldados a los que sus mandos ordenan matar a sus propios compañeros llaman a esto “borrar del mapa”.
Los soldados afirman que los refuseniks pueden ser eliminados disparándoles, atándoles a los árboles para que se congelen, negándoles atención médica tras las palizas o haciendo que los operadores de drones los maten en el campo de batalla. Verstka, un medio independiente ruso, ha confirmado la identidad de al menos 100 mandos que ordenaron o ejecutaron este tipo de asesinatos.
«¿Castigarán alguna vez a estos cabrones?», se pregunta Elena, una mujer de 39 años de la región de Altái, en el nordeste de Rusia. En febrero de 2025 enterró a su hijo, que había servido en el regimiento de Kemer. Él había pagado 100.000 rublos “para las necesidades del regimiento” y se informó de que había muerto en una misión de combate. El verano pasado, el marido de Elena, que servía en la misma unidad, desertó y grabó varios vídeos en los que denunciaba redes de extorsión. Presentó una denuncia ante la fiscalía militar asegurando que Kemer le había quitado dos millones de rublos. Pero poco antes de Año Nuevo fue localizado por la policía militar y devuelto a la unidad de Kemer. El 11 de enero, según Elena, lo ataron a un árbol y lo mataron.
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