Cortex AI Analítica
"Análisis de relevancia para la actualidad."
- A ese drama se suma otro dato demoledor: 174 niños, niñas y adolescentes quedaron en orfandad, una cifra que convierte el duelo en una realidad cotidiana para decenas de familias.
A un año de la tragedia del Jet Set, la República Dominicana sigue cargando una herida abierta: 236 personas fallecidas y más de 180 heridas en el colapso del techo ocurrido el 8 de abril del 2025, con secuelas permanentes en muchas víctimas y una estela social que todavía se siente en hogares rotos y vidas interrumpidas.
A ese drama se suma otro dato demoledor: 174 niños, niñas y adolescentes quedaron en orfandad, una cifra que convierte el duelo en una realidad cotidiana para decenas de familias.
Lo más doloroso es que la tragedia no se quedó en la noche del derrumbe. Se instaló en la memoria colectiva como una pregunta moral: ¿cómo fue posible que una estructura fallara de esa manera?
El informe técnico preliminar remitido al Ministerio Público concluyó que el colapso se debió a una sobrecarga estructural que superó la capacidad de las vigas, agravada por ampliaciones posteriores y peso no previsto; en otras palabras, los peritos apuntaron a una debilidad estructural que pudo haberse detectado antes de que la fiesta se convirtiera en luto.
Sin embargo, el camino judicial ha avanzado con tropiezos que alimentan la sensación de demora. El 30 de enero pasado, un tribunal declaró inadmisible una solicitud de nuevo peritaje, y apenas días antes del primer aniversario, el 6 de abril del 2026, otro juez ordenó un peritaje técnico independiente.
Ese vaivén no borra el derecho de defensa ni la necesidad de rigor, pero sí revela un proceso que aún no logra transmitir claridad, rapidez ni certeza a las víctimas.
Mientras tanto, las familias siguen esperando algo más que palabras. El abogado Félix Portes denunció en que ninguna de las 33 personas que representa había recibido las ayudas anunciadas por las autoridades, y pidió una auditoría completa sobre esos recursos públicos.
La imagen que deja ese reclamo es devastadora: después de una catástrofe de esta magnitud, el Estado no solo debe responder en los tribunales, sino también en el acompañamiento real a quienes quedaron dañados para de manera constante.
Por eso, al cumplirse un año del Jet Set, el país no debería conformarse con conmemoraciones solemnes ni con discursos de ocasión.
La verdadera memoria se demuestra con justicia efectiva, con responsabilidades claras y con protección concreta para sobrevivientes, huérfanos y familiares. Si el expediente se prolonga demasiado, el riesgo no es solo procesal: es moral. Y una sociedad que tarda demasiado en responder a su tragedia termina enseñando que el dolor de las víctimas puede esperar, como si esperar no fuera también una forma de injusticia.








