
“Aunque nuestros hijos estén desaparecidos, tienen derechos”, afirma Jacqueline Palmeros, madre buscadora del colectivo Una luz en el camino.
Antes de las 9:00 de la mañana de este jueves un grupo de peritos —acompañados por madres buscadoras y observadores— ingresaron a la zona de la fosa 26 en el Panteón Civil de Dolores, en la alcaldía Miguel Hidalgo, para continuar con la segunda fase del plan de exhumaciones controladas.
Durante las jornadas, que se prolongan por unas seis horas, los colectivos de búsqueda y las madres buscadoras aguardan por nuevos hallazgos.
A varios metros de la zona de exhumaciones —donde los peritos con trajes blancos revisan la fosa— se instaló una carpa de espera en la que las buscadoras pueden descansar y tomar alimentos. Dos lonas dan cuenta de que la búsqueda sigue: una de la red Eslabones, con la fotografía de Adair Islas Villagómez, desaparecido en Tultitlán, Estado de México; una más de Voces de la ausencia, con los rostros de ocho mujeres.
Cerca de las 10:00 de la mañana un grupo de mujeres de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México llega al punto, en una brigada de cuidado para acompañar a las buscadoras.
Volga Pilar de Pina Ravest, de la Cuarta Visitaduría, brinda a las presentes, todas sentadas en círculo, una charla sobre derechos humanos y qué hacer ante las violaciones de los mismos.
La desaparición “es una de las violaciones a derechos humanos más complejas que hay porque no sólo afecta a la persona desaparecida sino a su familia, pero además, luego ocasiona una cadena de violaciones gigante que se extiende de manera impresionante”, advierte.
En un entorno en el que se procura dar acompañamiento y escuchar, enseguida las presentes comienzan a expresar sus emociones.
“Es una prioridad, nuestros hijos aunque estén desaparecidos tienen derechos. Lo que me queda claro es que si nosotras no los defendemos, junto con ustedes, nadie lo va a hacer”, señala Jacqueline Palmeros.
Minutos después, externa su preocupación sobre las exhumaciones que se llevan a cabo en el panteón, al señalar la posibilidad de que no haya recursos suficientes ni se cuente con la capacidad para llegar a la identidad de todos los restos, pues el objetivo —advierte— es hacer que todos regresen a casa.
“En la primera etapa tuvimos 25 individuos: seis ya están identificados, tres eran bebés y tenemos 16 cuerpos que no se han terminado de identificar. Sin embargo, ya iniciamos la segunda etapa, me preocupa que vayan a colapsar. ¿Ahora cuántos se van a recuperar? Sabemos que lo están haciendo bien, las familias estamos conformes con lo que están trabajando, pero nos preocupa que en algún momento no vayan a tener la capacidad”, señala.
Pasadas las 12:00 del día, a pleno rayo de Sol, tras haber ingerido alimentos en la carpa, las madres buscadoras regresan a la zona, como observadoras del proceso. Las jornadas concluyen cada día alrededor de las 14:00 horas, cuando se brinda un informe de los hallazgos de esa jornada.
Antes de ingresar, una de las madres buscadoras cuenta que una de las actividades que realizan esta semana, mientras aguardan en el panteón, es un bordado en el que explican cómo se sienten al llegar al lugar.
“Yo hice este laberinto porque les digo que es algo que no tiene un principio ni un fin, no sabes qué vas a encontrar. Hay bueno y malo; ayer fue un día tranquilo, todo el día estuvieron los pájaros cantando. Este otro [bordado] es un guante de box, porque a mi hija le gustaba el box”, comenta.
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