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"Determinante para el futuro mapa político."
- Sanz Desde Budapest , pocas horas después de uno de los hitos políticos más importantes de su historia moderna , la victoria de Péter Magyar sobre Viktor Orbán sigue siendo motivo de júbilo.
A diferencia de otros mandatarios como Barack Obama, que no guardaba grandes simpatías por el líder iliberal, Donald Trump empezó a convertir al líder húngaro en un ejemplo para sus políticas. Durante múltiples años, el primer ministro fue uno de los líderes populistas más exitosos. Desde que asumió el cargo en 2010, creó su propio sistema en el que tomó el control de muchas instituciones del Estado y de una gran parte de los medios de comunicación.
Además, modificó el sistema electoral para magnificar los resultados de su partido, Fidesz. Hasta este domingo. Peter Magyar, el líder de Tisza, consiguió arrebatarle el poder a Orbán después de 16 años y consiguió un total de 138 escaños. Con una mayoría en el Parlamento, puede tumbar los mecanismos de poder creados por el partido oficialista.
A pesar de su derrota, Donald Trump ha aprendido mucho de Viktor Orbán en estos años. El líder de Fidesz puede tomar nota en el contexto actual de una gran lección de su aliado estadounidense.
El republicano ha insinuado en varias ocasiones que el líder de Fidesz fue un ejemplo para la campaña antes de su segundo mandato en 2024. Al fin y al cabo, Orbán también perdió las elecciones en 2002, después de su primer mandato como primer ministro. Pasó años en la oposición hasta que volvió al poder de manera abrumadora y tras denunciar presuntos casos de interferencia electoral. Ya como premier, empezó a crear el sistema que complicaría que volviera a ser derrotado en las urnas y que mantenía a Fidesz como una gran esfera de influencia en el país.
Donald Trump también perdió los comicios después de su mandato. Tras la victoria de Joe Biden, miles de sus seguidores asaltaron violentamente el Capitolio con la esperanza de impedir que el Congreso certificara la victoria del presidente electo Joe Biden. Cuatro años después, el magnate regresó a la Casa Blanca tras una victoria aplastante y una intensa campaña.
A diferencia de Trump, Orbán reconoció este domingo su derrota. "Los resultados de las elecciones, aunque no son completos, son comprensibles y claros. Son dolorosos para nosotros, pero inequívocos. No se nos dio la responsabilidad ni la oportunidad de gobernar", manifestó. Acabó su discurso con una promesa. O una advertencia. "No nos rendiremos. en ningún escenario, en ningún escenario, en ningún escenario", aseguró. Una vez más, podría compartir el manual con el presidente estadounidense.
"El éxito de Hungría es nuestro éxito"
Durante la campaña, Viktor Orbán acusó a Péter Magyar de ser una "marioneta" de la Unión Europea y de Ucrania, y de querer llevar a Hungría a la guerra. El partido ha recurrido a tácticas como la desinformación y ha publicado incluso imágenes falsas del líder de Tisza para intentar desacreditarle.
Uno de los primeros retos del nuevo Gobierno será acabar con el sistema de Orbán, pero también unificar a todo el movimiento que se ha unido para derrocar al líder iliberal y que está formado por exvotantes de Fidesz y también de partidos con ideales izquierdistas o liberales. "A corto plazo lo sustancial será la unidad nacional para restablecer los contrapesos institucionales, el Estado de derecho y la democracia en el país. Pero es posible que de cara a las siguientes elecciones empiecen a surgir diferencias ideológicas", explica Daniel Bartha, presidente del Centro para la Integración Euroatlántica y la Democracia de Budapest, a El Confidencial.
Tisza ha conseguido este domingo una victoria histórica hasta en las zonas rurales del país, tradicionalmente votantes de Orbán. Sin embargo, en múltiples pueblos o zonas pequeñas todavía habrá alcaldes o líderes locales que mantengan su fidelidad a Fidesz y que no estén dispuestos a abandonar el poder después de 16 años formando parte del sistema cerrado por el primer ministro.
Por otro lado, Donald Trump seguirá mostrando su apoyo a su aliado húngaro aunque ya no esté en el poder. "Soy un gran admirador de Viktor. Lo apoyo incondicionalmente. Estados Unidos lo apoya incondicionalmente", expresó Trump este martes desde el teléfono ante una multitud reunida en Budapest. Su vicepresidente, JD Vance, le llamó al móvil durante su visita a la capital húngara, donde añadió que ayudaría al líder de Fidesz "en todo lo que pueda". En otra visita, el secretario de Estado, Marco Rubio, subrayó que "el éxito de Hungría es nuestro éxito".
La derrota de Orbán es un fracaso para el tipo de ideología que representa tanto Donald Trump como otros líderes para los que el premier húngaro ha servido de ejemplo, como Santiago Abascal, de Vox, o el italiano ultraderechista Matteo Salvini. Pero el presidente estadounidense seguirá combatiendo para defender la infraestructura ideológica que Orbán representa y que Trump apoya. Aquella que es contrario a la ideología woke, a los ecologistas y a la inmigración.
"Esta administración estadounidense cree que hay una revolución trumpiana, que esta revolución trumpiana está llegando a Europa y que Europa está tan solo un ciclo electoral por detrás de Estados Unidos", declaró Ivan Krastev, politólogo experto en el Gobierno de Viktor Orbán y presidente del Centro de Estrategias Liberales en Sofía, Bulgaria, a CNN.
Aunque una gran parte de los líderes europeos hayan celebrado la victoria de Péter Magyary el nuevo rumbo político de Hungría, las circunstancias favorables todavía pueden ser favorables para Orbán si Donald Trump (o uno de sus aliados) mantiene el poder en Estados Unidos.
"Desde que el nuevo presidente estadounidense asumió el cargo, el mundo ha cambiado", manifestó meses antes de las elecciones. Hacía referencia a la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU (ESN), publicada el jueves 4 de diciembre. "Este es el documento más interesante e sustancial de los últimos años. Ya no estamos solos en nuestra lucha", celebró el líder de Fidesz.
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Mónica Redondo. Budapest Gráficos: José Ramón Pérez A. Sanz
Desde Budapest, pocas horas después de uno de los hitos políticos más importantes de su historia moderna, la victoria de Péter Magyar sobre Viktor Orbán sigue siendo motivo de júbilo. "No es imposible un regreso de Fidesz, pero no a corto plazo. en el contexto actual Magyar tiene que mantener unido a su partido durante al menos tres años, pero antes desmontará la maquinaria de propaganda, que era el instrumento más sustancial para mantener unido al bloque de Fidesz. Una vez desaparezca, será extremadamente difícil reconstruir algo parecido", sostiene Daniel Bartha en entrevista con este periódico.
Un futuro con Fidesz obligaría a la formación a transformarse de manera profunda. "No sé si él todavía tiene la energía y el poder para lograrlo. Ambición, seguro, pero tendría que dedicar mucho tiempo a defenderse de las acusaciones y procesos judiciales que comenzarían de inmediato", añade el analista.
Todavía no hay ningún caso abierto, pero no es un escenario descabellado. Este lunes, el ganador Péter Magyar se comprometió a perseguir a quienes "saquearon, robaron, traicionaron, endeudaron y arruinaron" su país.
La lectura más sustancial después de las elecciones sigue siendo que, después de 16 años, Viktor Orbán y su sistema han sido derrotados. Y, con ellos, los apoyos de fuerzas políticas como Estados Unidos y Rusia. "Tenemos a estas dos superpotencias que pretenden dividir Europa. De repente, su candidato pierde después de que ellos hayan hecho todo lo posible para que ganara. Esto va a fortalecer enormemente el sentimiento de resiliencia europea", concluye Ivan Krastev, a la cadena estadounidense.
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